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Cofundador de Rappi desata críticas por una propuesta de trabajo sin sueldo

Hace 2 horas

Una publicación de Andrés Bilbao, cofundador de Rappi y de la firma de inversión 30X, desató una tormenta de críticas en redes sociales. El episodio abrió un debate incómodo sobre privilegio, trabajo y desconexión con la realidad laboral en Colombia.

Una publicación de Andrés Bilbao, cofundador de Rappi y de la firma de inversión 30X, encendió una fuerte polémica en redes sociales y dejó al descubierto una discusión que va mucho más allá de una simple opinión personal: hasta qué punto los mensajes sobre trabajo, mérito y sacrificio pueden sonar ajenos en un país donde millones de personas viven con ingresos insuficientes o en la informalidad. La reacción fue inmediata y mayoritariamente crítica, en parte porque la propuesta asociada a trabajar sin sueldo toca una fibra sensible en Colombia, donde el empleo digno sigue siendo una aspiración para amplios sectores de la población.

Según informó Colombia.com entretenimiento, la publicación del empresario provocó una ola de comentarios negativos y abrió cuestionamientos sobre el papel público de los fundadores de grandes compañías cuando opinan sobre dinámicas laborales. Aunque el contenido exacto de la propuesta fue el detonante, lo que realmente indignó a muchos usuarios fue el trasfondo: sugerir esquemas de trabajo sin remuneración en un contexto económico marcado por salarios bajos, alta informalidad y una creciente desconfianza hacia discursos empresariales que parecen romantizar el sacrificio. En redes, el debate se movió rápido entre dos posiciones irreconciliables: quienes defendieron la idea como una forma de aprendizaje o apuesta de largo plazo, y quienes la vieron como una expresión más de privilegio desconectado de la realidad cotidiana.

El episodio importa porque Rappi no es una empresa cualquiera en el imaginario colombiano. Su crecimiento, su modelo de negocio y las controversias que ha enfrentado en torno a las condiciones laborales de sus repartidores han convertido a sus fundadores en figuras observadas con lupa, dentro y fuera del país. Por eso, cualquier mensaje que sugiera minimizar el valor del trabajo remunerado entra en terreno delicado. En una economía donde buena parte de la fuerza laboral sobrevive sin estabilidad, hablar de trabajar sin sueldo no suena a innovación, sino a una provocación. Y esa reacción revela algo más profundo: el cansancio social frente a narrativas empresariales que piden paciencia, entrega y visión, pero no siempre reconocen las urgencias materiales de quienes sí necesitan cobrar a fin de mes.

Más allá de la controversia puntual, este caso deja una lección incómoda para el ecosistema emprendedor en Colombia y en América Latina: la conversación sobre productividad y formación no puede darse de espaldas a la desigualdad. Las redes sociales amplificaron el rechazo, sí, pero el fondo del asunto es estructural. Cuando un empresario de alto perfil plantea una idea así, el debate ya no se limita a su cuenta personal; se convierte en una conversación sobre poder, clase y legitimidad. Y en un país donde cada vez más personas exigen empleos con derechos, cualquier discurso que huela a trabajo gratuito difícilmente encontrará buena recepción.

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