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La última milla gana peso con el ecommerce y obliga a profesionalizar la logística

Hace 2 horas
La última milla gana peso con el ecommerce y obliga a profesionalizar la logística

Imagen: depor

La última milla ya no es un detalle operativo: se convirtió en el tramo más estratégico del negocio ecommerce. Una cámara busca ayudar a las empresas del sector con capacitación, herramientas técnicas y representación institucional.

La logística de última milla dejó de ser el eslabón invisible de la cadena comercial para convertirse en uno de sus mayores campos de disputa. Según informó depor, el crecimiento del comercio electrónico está empujando la demanda de entregas rápidas, trazables y más eficientes, y en ese escenario una cámara del sector salió a reforzar a las empresas con herramientas técnicas, capacitación y representación institucional. El mensaje es claro: quien no mejore su capacidad de entrega queda fuera de la competencia, aun cuando tenga un buen producto y presencia digital.

Detrás de ese movimiento hay una realidad que el consumidor muchas veces no ve. La última milla es la parte más cara, compleja y sensible de toda la operación logística: concentra problemas de tráfico, costos de combustible, tiempos de espera, devoluciones, seguridad y presión por cumplir ventanas de entrega cada vez más estrechas. Por eso, la apuesta de la cámara no se limita a acompañar a grandes operadores; también busca fortalecer a pequeñas y medianas empresas que necesitan profesionalizar procesos, adoptar tecnología de rastreo, optimizar rutas y mejorar la gestión de flotas para sobrevivir en un mercado más exigente. En un negocio donde los márgenes suelen ser estrechos, cada minuto y cada kilómetro cuentan.

Lo que está en juego va mucho más allá de los paquetes que llegan a la puerta de una casa. En Colombia, como en Estados Unidos y en buena parte de América Latina, el auge del ecommerce ha cambiado la relación entre comercio, empleo y ciudad. La entrega rápida ya no es un lujo, sino una condición para competir, y eso empuja a las empresas a invertir en digitalización, centros de distribución urbanos y mejores estándares de servicio. También abre una discusión incómoda: si el sector crece sin reglas claras, puede expandir la informalidad laboral y precarizar a los repartidores; si se ordena bien, puede generar empleo más estable, reducir fallas logísticas y mejorar la experiencia del consumidor. Esa es la razón por la que la representación institucional importa tanto como la tecnología.

En el fondo, la expansión de la última milla refleja una transformación más profunda de la economía: ya no basta con vender, hay que entregar bien, rápido y de forma sostenible. Para las empresas, el reto será invertir sin perder competitividad; para las cámaras y gremios, traducir las necesidades del sector en políticas, capacitación y estándares que eleven la calidad del servicio. Y para los consumidores, la consecuencia es directa: el precio, la velocidad y la confiabilidad de una compra digital dependerán cada vez más de la eficiencia de esa última tramo invisible que decide si el ecommerce cumple o fracasa.

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