Jonathan Haidt alerta por cinco horas diarias de redes entre adolescentes

Imagen: infobae estados unidos
Los adolescentes estadounidenses ya destinan en promedio cinco horas al día a las redes sociales, una cifra que según Jonathan Haidt está alterando su descanso, su atención y su vida fuera de la pantalla. El psicólogo advierte que los videos breves están desplazando hábitos básicos como leer, dormir y ver a los amigos en persona.
Los adolescentes en Estados Unidos están pasando cerca de cinco horas diarias en redes sociales, una rutina que, según advirtió el psicólogo Jonathan Haidt, no solo consume tiempo sino que está reordenando la vida cotidiana de toda una generación. El investigador de la Universidad de Nueva York sostiene que la exposición constante a videos breves y contenido infinito está desplazando actividades tan elementales como dormir, leer, salir al aire libre y mantener vínculos presenciales con amigos.
De acuerdo con lo que informó infobae estados unidos, Haidt puso el foco en el costo silencioso de esta conducta: el tiempo frente a la pantalla no se queda en la pantalla, sino que recorta espacios clave para el desarrollo adolescente. Cuando el teléfono se convierte en el principal canal de entretenimiento y socialización, explicó en esencia el experto, el sueño se acorta, la atención se fragmenta y la interacción cara a cara pierde terreno frente a un flujo de estímulos diseñado para retener al usuario el mayor tiempo posible.
El alerta no es menor porque llega en un momento en que la discusión sobre salud mental juvenil en EE.UU. ya está marcada por el impacto de la hiperconexión. La preocupación de Haidt encaja con una tendencia más amplia: adolescentes cada vez más expuestos a plataformas que recompensan la inmediatez, la comparación constante y el consumo pasivo de contenidos cortos. Eso tiene efectos que van más allá del humor o la concentración; también toca el descanso, el rendimiento escolar y la construcción de habilidades sociales que antes se aprendían en la calle, en el colegio o en casa, lejos del algoritmo.
En términos prácticos, lo que describe el investigador es una especie de reorganización de prioridades impuesta por el móvil. Si un adolescente pasa cinco horas al día en redes, el margen para todo lo demás se reduce de forma drástica. Y ahí está la verdadera alarma: no se trata solo de cuánto usan el celular, sino de qué están dejando de hacer mientras lo usan. Para muchas familias estadounidenses, el desafío ya no es únicamente limitar una aplicación, sino recuperar rutinas que sostienen la vida fuera de la pantalla y que hoy compiten en desventaja frente a una economía digital diseñada para capturar la atención.



