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Madres entre ruinas: la búsqueda desesperada tras los terremotos en Venezuela

Hace 6 horas
Madres entre ruinas: la búsqueda desesperada tras los terremotos en Venezuela

Imagen: BBC Mundo

María Lourdes Pérez sigue buscando a su hijo y a las amigas de él entre los escombros de una de las zonas más golpeadas por los terremotos del 24 de junio en Venezuela. Dice que lo perdió todo y que, pese a la falta de apoyo, no va a detenerse.

En una de las zonas más devastadas por los terremotos que sacudieron Venezuela el 24 de junio, María Lourdes Pérez carga con una pérdida doble: la de su hogar y la de su hijo, a quien sigue buscando entre los escombros junto con las amigas que estaban con él. Su testimonio resume la dimensión humana de una tragedia que, además del daño material, ha dejado a familias enteras atrapadas en una espera insoportable y con la sensación de estar prácticamente solas.

Pérez contó que lo perdió “todo” y que no piensa abandonar la búsqueda, incluso en medio de condiciones marcadas por la precariedad y por una asistencia que, según denuncia, ha sido casi inexistente. Su relato adquiere una fuerza particular porque no se trata solo de una madre aferrada a la esperanza, sino de una escena repetida en comunidades devastadas: padres que recorren ruinas, remueven restos con sus propias manos y se enfrentan a la lentitud de una respuesta institucional que no alcanza a cubrir la urgencia del momento.

Lo que está ocurriendo en esta zona venezolana revela algo más amplio que el drama inmediato de un derrumbe. Cuando un desastre natural golpea con fuerza, la diferencia entre una respuesta rápida y coordinada y una reacción tardía puede significar vidas salvadas, desaparecidos localizados o familias condenadas a la incertidumbre. En contextos de fragilidad económica y debilidad institucional, como el que vive Venezuela, esa diferencia suele ser aún más brutal. Por eso la historia de María Lourdes Pérez no solo habla de una madre buscando a su hijo: habla de un país donde la emergencia se agrava cuando el Estado no logra llegar con la rapidez, los recursos y la capacidad que una catástrofe exige.

También hay un dato que no conviene perder de vista: detrás de cada cifra de víctimas, daños o desaparecidos hay nombres, edades y proyectos de vida interrumpidos. En este caso, adolescentes que estaban ensayando un baile de fin de curso cuando la tierra se movió. Ese detalle, aparentemente pequeño, devuelve humanidad a la noticia y obliga a mirar el desastre no como un fenómeno aislado, sino como una prueba de resistencia para miles de familias que hoy solo pueden contar con su propia determinación para seguir buscando.

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