Ataques rusos golpean la red de alimentos y elevan el riesgo de escasez en Ucrania
Imagen: infobae mundo
Los ataques rusos contra depósitos de alimentos en Ucrania están golpeando una de las arterias menos visibles de la guerra: la cadena de abastecimiento. El ministro de Agricultura, Taras Visotski, advirtió que cerca del 90% de la logística alimentaria de las cadenas minoristas ya fue destruida.
La guerra en Ucrania está entrando en una fase particularmente sensible: ya no se trata solo de frentes militares o infraestructura energética, sino del alimento que llega —o deja de llegar— a la mesa de millones de personas. Según informó infobae mundo, el ministro de Agricultura, Taras Visotski, alertó que aproximadamente el 90% de la logística alimentaria administrada por las cadenas minoristas ha sido destruida, un golpe que pone bajo presión el abastecimiento interno y eleva el riesgo de desabastecimiento en varias regiones del país.
El dato es mucho más que una cifra técnica. Habla de depósitos, centros de distribución, rutas de transporte, almacenamiento en frío y la red que permite que productos básicos como pan, aceite, harina, lácteos y verduras circulen desde los productores hasta los supermercados. Cuando esa estructura se rompe, el impacto no se limita a los comercios: suben los costos, se complican las entregas y se profundiza la inseguridad alimentaria, sobre todo en zonas cercanas al frente o en ciudades que dependen de corredores logísticos más vulnerables.
Este nuevo deterioro confirma una estrategia que ya ha marcado la invasión rusa: golpear la infraestructura civil para ampliar el costo social de la guerra. En los últimos años, Ucrania ha tenido que reconstruir repetidamente redes eléctricas, puertos, silos y depósitos, mientras intenta sostener la producción agrícola en medio de bombardeos, ocupación territorial y restricciones al transporte. Que ahora la advertencia venga desde el propio ministro de Agricultura indica que el problema no es puntual ni aislado, sino estructural. Y eso importa fuera de Kiev: cada interrupción en la cadena alimentaria ucraniana presiona precios, complica exportaciones y añade inestabilidad a un mercado global que ya arrastra tensiones por guerras, sequías y encarecimiento de insumos.
Para la población ucraniana, el golpe es doble. Por un lado, enfrenta una economía devastada por la guerra; por el otro, ve cómo uno de los servicios más básicos —la disponibilidad de alimentos— queda atrapado en una lógica de destrucción sistemática. Si la logística comercial ha sido prácticamente desmantelada, el desafío ahora no es solo reponer edificios o camiones, sino reconstruir una red capaz de resistir ataques recurrentes. En una guerra larga, controlar el alimento también es una forma de ejercer poder, y Ucrania vuelve a comprobarlo a un costo altísimo.




