Política

De la Espriella modera el tono y prepara un gabinete técnico para su proyecto político

Hace 18 horas

Abelardo De la Espriella empezó a mover señales de moderación política: bajó el tono de campaña y dejó ver que prepara un gabinete técnico. El mensaje apunta tanto a votantes indecisos como a sectores que esperan disciplina y menos improvisación.

Abelardo De la Espriella comenzó a enviar una señal clara en sus primeras intervenciones: quiere bajar la temperatura de la campaña y proyectar una eventual Presidencia menos estridente, más ordenada y apoyada en perfiles técnicos. Ese viraje no es menor. En política, el tono con el que un aspirante se presenta suele anticipar no solo su estrategia electoral, sino también la forma en que piensa gobernar. En este caso, el mensaje parece buscar distancia frente a la pelea permanente y acercamiento a una imagen de control, seriedad y capacidad de gestión.

De acuerdo con lo que se ha conocido en el entorno político que cubre El Tiempo - Política, ya comenzó la construcción de un gabinete técnico, una movida que suele leerse como un intento de tranquilizar a distintos sectores: empresarios, inversionistas, funcionarios de carrera y votantes que ven con recelo los liderazgos demasiado personalistas. En la práctica, hablar de un gabinete técnico antes incluso de que se defina el tramo final de la contienda es una forma de decir que el proyecto no dependerá únicamente del carisma del candidato, sino de equipos con credenciales, experiencia y capacidad de implementación. Esa es una diferencia importante en un país donde muchas campañas prometen orden, pero pocas muestran desde temprano cómo piensan sostenerlo.

El cambio de tono también tiene una lectura política más amplia. Si De la Espriella venía apostando por una retórica de choque, el ajuste sugiere que entendió que la presidencia no se gana solo movilizando a los convencidos, sino también reduciendo resistencias. En Colombia, la palabra “técnico” suele funcionar como una contraseña: para unos significa profesionalismo y gobernabilidad; para otros, una forma de blindar decisiones impopulares con lenguaje de experticia. Por eso importa observar no solo quiénes integran ese equipo, sino qué modelo de poder se está armando detrás. Un gabinete puede ser un mensaje de seriedad, pero también una forma de concentrar decisiones en pocas manos si no hay contrapesos reales.

Lo que viene, entonces, es una prueba de coherencia. Si el aspirante insiste en moderar su discurso y consolidar un equipo técnico, tendrá que demostrar que ese giro no es solo cosmético ni una maniobra de campaña para ampliar su base. En un país cansado de la improvisación, pero también desconfiado de los anuncios grandilocuentes, el verdadero reto será convertir esa promesa de orden en una hoja de ruta creíble. Ahí se jugará gran parte de su viabilidad política: no en el ruido de la campaña, sino en la capacidad de demostrar que sabe con quién gobernaría y para qué.

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