La tesis que incomoda la guerra contra el narco: ¿y si el problema fue mal contado?

Imagen: BBC Mundo
Oswaldo Zavala sostiene que la guerra contra el narco se ha construido sobre una narrativa que exagera y simplifica el papel de los cárteles en México. Su tesis incomoda porque cuestiona no solo el discurso de Washington, sino también una política que ha justificado décadas de intervención y violencia.
La tesis del académico Oswaldo Zavala vuelve a poner en el centro una pregunta incómoda: ¿y si la guerra contra el narcotráfico se ha sostenido sobre una idea demasiado simplificada de quién manda realmente en el negocio de las drogas? Desde esa perspectiva, el problema no sería únicamente la existencia de grupos criminales, sino la forma en que Estados Unidos ha construido un relato político y mediático sobre el narcotráfico en México, un relato que ha servido para justificar estrategias de seguridad, cooperación militar y presión diplomática durante años.
Según plantea Zavala, la política antidrogas de Washington ha alimentado un discurso generalizador que presenta al crimen organizado mexicano como una estructura omnipotente, casi centralizada, capaz de explicar por sí sola la violencia en la región. Esa mirada, de acuerdo con su argumento, termina creando una narrativa conveniente: convierte a los llamados cárteles en el enemigo perfecto y desplaza del debate otros factores igual o más decisivos, como la demanda de drogas en Estados Unidos, el flujo de armas hacia el sur, la corrupción institucional y los incentivos económicos que sostienen el mercado ilegal. En otras palabras, el foco se pone casi siempre en México, mientras el consumo y las redes financieras del norte quedan en un segundo plano.
Esa lectura importa porque la manera en que se nombra un problema también determina cómo se combate. Durante décadas, la llamada guerra contra el narco ha producido operativos, militarización, cooperación internacional y miles de muertes, pero no ha resuelto el fenómeno que dice atacar. Si la premisa de partida está equivocada o incompleta, también lo estarán muchas de las políticas derivadas de ella. Y ahí está el punto más incómodo del planteamiento de Zavala: cuestionar la existencia o el poder real de los cárteles no significa negar la violencia del crimen organizado, sino disputar el marco narrativo con el que se ha explicado esa violencia. Eso obliga a mirar el asunto con menos propaganda y más evidencia.
En el fondo, este debate trasciende el caso mexicano y toca directamente a Estados Unidos y Colombia, dos países marcados por décadas de políticas de control de drogas que han tenido efectos profundos en sus sociedades. Para la gente de a pie, el resultado ha sido casi siempre el mismo: más militarización, más estigmatización de territorios pobres y menos soluciones estructurales. Por eso la provocación de Zavala no es un simple ejercicio académico; es una advertencia política. Si el enemigo se define mal, la guerra se eterniza.



