Estudiantes desafían a Vučić en las urnas tras dos años de protestas

Imagen: El País
Serbia entra en una nueva batalla política con los estudiantes como fuerza visible de oposición tras casi dos años de protestas. Aleksandar Vučić dejó la presidencia para buscar continuidad como candidato a primer ministro y prolongar sus 14 años dominando el poder.
Serbia se encamina a una pulseada electoral decisiva en la que los estudiantes, convertidos en la cara más visible del descontento social, intentarán arrebatarle espacio político a Aleksandar Vučić, un dirigente que lleva 14 años marcando el rumbo del país. La novedad no es solo la contienda en las urnas, sino el movimiento táctico del propio Vučić: renunció a la presidencia para presentarse como candidato a primer ministro y mantener intacta su influencia sobre el poder real.
De acuerdo con la información publicada por El País, la escena política serbia llega a este punto después de casi dos años de protestas sostenidas, en las que el estudiantado ha pasado de la calle a la arena institucional con la intención de capitalizar el desgaste del oficialismo. Ese proceso refleja una ruptura generacional y también una crisis de representación: una parte del país ya no confía en las élites tradicionales para canalizar el malestar acumulado por la concentración del poder, la erosión de contrapesos y la sensación de que el sistema político se ha cerrado sobre sí mismo.
El salto de Vučić de la presidencia a la candidatura para jefe de gobierno no es menor. En los Balcanes, y particularmente en Serbia, los cargos formales suelen importar menos que las redes de control político, mediático y administrativo que realmente sostienen a un liderazgo prolongado. Por eso, su decisión sugiere una estrategia para seguir mandando sin exponerse al desgaste directo que implica la jefatura del Estado. Al mismo tiempo, el ascenso de los estudiantes como actor electoral pone presión sobre una oposición que ha tenido dificultades para articular una alternativa unificada y duradera.
Lo que se juega en Serbia va más allá de una elección más. Si el impulso estudiantil logra traducirse en votos, podría abrirse una fisura en un sistema que ha funcionado durante años alrededor de la figura de Vučić. Si no lo consigue, el país confirmará que la protesta social no siempre se convierte en poder institucional. En cualquiera de los dos escenarios, Serbia entra en una etapa en la que la calle ya demostró fuerza, pero ahora deberá probar si también puede transformar esa energía en gobernabilidad.




