De La Espriella mueve la Cancillería y abre tensión con países árabes
Imagen: El Tiempo - Política
En menos de una semana de gobierno, la Cancillería marcó dos giros diplomáticos de alto voltaje: reconoció la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán y la de Marruecos sobre el Sáhara Occidental. La decisión reordena la política exterior y puede tensar la relación con países árabes.
A menos de una semana de iniciado el mandato de De La Espriella, la Cancillería ya dejó claro que la política exterior del nuevo gobierno no será de continuidad, sino de ruptura. El reconocimiento de la soberanía israelí sobre los Altos del Golán y de la marroquí sobre el Sáhara Occidental no son gestos aislados: son mensajes diplomáticos de alto impacto que reubican a Colombia en discusiones internacionales particularmente sensibles y, al mismo tiempo, abren frentes de tensión con países árabes y con sectores que ven en estas decisiones un alineamiento ideológico más que una estrategia de Estado.
Según informó El Tiempo - Política, estas decisiones se adoptaron en tiempo récord y trazan el tono de una Cancillería que busca diferenciarse de administraciones anteriores. En la práctica, el reconocimiento del Golán respalda la posición de Israel sobre un territorio cuya soberanía ha sido objeto de disputa internacional durante décadas, mientras que la postura sobre el Sáhara Occidental favorece a Marruecos en un conflicto que sigue sin resolver y que involucra también al Frente Polisario y a la influencia de Argelia. No se trata, por tanto, de simples definiciones protocolares: son pronunciamientos que tienen consecuencias en la forma como otros gobiernos leen a Colombia y evalúan su confiabilidad como actor diplomático.
El contexto importa porque la política exterior no opera en el vacío. Cada reconocimiento modifica el margen de maniobra de un país en organismos multilaterales, en relaciones comerciales y en escenarios de cooperación. En América Latina, donde varias naciones han intentado sostener posiciones más cautelosas sobre conflictos territoriales, el giro del gobierno De La Espriella puede interpretarse como una apuesta por acercarse a bloques y gobiernos específicos, pero también como un costo potencial en vínculos con países árabes, que observan con especial sensibilidad cualquier validación de decisiones unilaterales en territorios disputados. Para la ciudadanía, esto no es un debate lejano: puede traducirse en nuevas prioridades de comercio exterior, cooperación, inversión y hasta en el tipo de alianzas que el país defenderá en foros internacionales.
La pregunta ahora es si estos movimientos obedecen a una hoja de ruta diplomática cuidadosamente diseñada o si responden a una voluntad política de marcar territorio desde el primer día. En cualquiera de los dos casos, el mensaje ya fue enviado: la Cancillería de De La Espriella está dispuesta a mover piezas incómodas en el tablero global. El problema es que en diplomacia los gestos iniciales suelen tener memoria larga, y lo que hoy se presenta como un viraje puede convertirse mañana en una factura política y económica que Colombia termine pagando durante años.



