Partidos árabes alcanzan su mayor fuerza histórica y alteran la aritmética en Israel

Imagen: infobae mundo
Los partidos árabes en Israel habrían alcanzado su mayor representación parlamentaria, con entre 17 y 18 escaños, según sondeos a pie de urna. Su peso puede ser decisivo en un Parlamento sin mayorías claras y en la disputa por apartar a Netanyahu.
Los partidos árabes de Israel habrían logrado un avance histórico en las elecciones legislativas al obtener entre 17 y 18 escaños, casi el doble de los que consiguieron en 2022, de acuerdo con los sondeos a pie de urna citados por infobae mundo. El resultado no solo marca la mayor representación parlamentaria de este bloque en la historia del país, sino que también los coloca en el centro de una negociación política que podría definir quién gobierna y quién queda fuera del poder.
Raam y la Lista Conjunta aparecen como los grandes beneficiados de una elección fragmentada en la que ningún bloque alcanzaría la mayoría necesaria para formar gobierno por sí solo. Esa parálisis abre la puerta a pactos incómodos y a cálculos de supervivencia política en todos los frentes. En paralelo, el opositor Gadi Eisenkot ya había dejado claro durante la campaña que no contemplaba gobernar con formaciones árabes, una postura que reduce el margen de maniobra para construir una coalición alternativa amplia contra Benjamin Netanyahu.
El dato importa por una razón evidente: en Israel, donde la aritmética parlamentaria suele ser más determinante que los discursos de campaña, cada escaño vale oro. La subida de la representación árabe no significa automáticamente poder ejecutivo, pero sí una capacidad inédita de influencia en la formación de mayorías, el bloqueo de alianzas y la agenda legislativa. También refleja la persistente fractura entre la ciudadanía árabe israelí y el sistema político, una relación históricamente tensionada por la exclusión, la desconfianza y la instrumentalización electoral.
Si se confirman estos números, la elección no solo dejaría a Netanyahu bajo presión, sino que volvería a exponer el dilema central de la política israelí: cómo gobernar un país profundamente dividido cuando el Parlamento no ofrece una salida clara. Para la población árabe de Israel, el resultado abre una ventana de representación inédita; para el resto del sistema, anticipa nuevas negociaciones, vetos cruzados y una gobernabilidad todavía más frágil.




