Tensión entre EE.UU. e Irán impulsa al petróleo y agrava el riesgo sobre Ormuz

Imagen: infobae mundo
La tensión entre Estados Unidos e Irán volvió a sacudir el mercado energético y empujó al petróleo hacia una ganancia semanal cercana al 5%. La reapertura total del estrecho de Ormuz quedó en suspenso, reactivando el temor a un golpe sobre el suministro global.
Los precios del petróleo cerraron la semana con una señal inequívoca de nerviosismo: el mercado volvió a premiar el riesgo geopolítico y el Brent y el WTI se encaminan a una ganancia semanal cercana al 5% tras la nueva escalada entre Estados Unidos e Irán. El detonante no fue un problema técnico ni una falla de producción, sino algo más delicado para el comercio mundial: el retraso en la reapertura total del estrecho de Ormuz, una ruta que antes de la guerra concentraba cerca del 20% del flujo diario global de crudo y gas, según informó infobae mundo.
Ese dato explica por qué los operadores reaccionaron con tanta rapidez. Cuando una vía marítima de semejante peso entra en zona de incertidumbre, no solo se encarecen las apuestas sobre la oferta futura, también sube el costo del seguro, se alteran los calendarios de envío y se activa una cadena de especulación que termina reflejada en las cotizaciones internacionales. En ese entorno, el Brent —referencia para gran parte del mercado global— y el WTI —el marcador más seguido en Estados Unidos— absorbieron el impacto casi de inmediato, reflejando que el conflicto en Medio Oriente sigue siendo un factor capaz de mover los precios más allá de los fundamentos habituales de oferta y demanda.
Lo relevante aquí no es únicamente la subida semanal, sino lo que revela sobre la fragilidad del sistema energético internacional. El estrecho de Ormuz es una arteria estratégica: cualquier deterioro en su operación tiene efectos en cadena sobre refinerías, rutas comerciales y expectativas de inflación. Para Estados Unidos, un repunte sostenido del petróleo puede traducirse en presión sobre los combustibles y en más ruido político en un año en que cada centavo en la gasolina pesa. Para países importadores de América Latina, incluido Colombia, el impacto también puede sentirse en los costos de transporte, en la inflación y en la volatilidad cambiaria, aunque los productores puedan ver una mejora temporal en sus ingresos por exportaciones.
En el fondo, lo que está ocurriendo es una advertencia conocida pero siempre incómoda: el mercado petrolero sigue dependiendo de un mapa geopolítico inestable. Mientras persista la tensión entre Washington y Teherán, y mientras la circulación por Ormuz no recupere plena normalidad, el precio del crudo seguirá incorporando una prima de riesgo que puede desaparecer con la misma rapidez con la que aparece. Eso deja al mundo —y especialmente a los consumidores— atrapado en una realidad muy concreta: cuando Medio Oriente se agita, el precio del tanque vuelve a ser noticia en todas partes.




