Macron pide a Bruselas aflojar reglas de carburantes para contener la escalada del petróleo
Macron presiona a Bruselas para aflojar temporalmente reglas sobre carburantes y aumentar la oferta ante la escalada del petróleo. París prepara además medidas internas para amortiguar el golpe en los consumidores sin tocar, por ahora, los impuestos al combustible.
Emmanuel Macron ha puesto sobre la mesa una señal de alarma que va más allá de Francia: si Europa no reacciona con rapidez, la tensión sobre el mercado petrolero puede traducirse en más presión para los consumidores y en nuevas distorsiones para la industria. El presidente francés pidió a la Comisión Europea flexibilizar de forma temporal algunas normas sobre carburantes para intentar aumentar la oferta y frenar el impacto del encarecimiento del crudo, en un contexto marcado por la guerra en Oriente Medio, los ataques ucranianos contra refinerías rusas y la fragilidad de los suministros globales.
Según la información divulgada por la prensa francesa y atribuida a una carta enviada a Ursula von der Leyen, Macron advierte que, una vez agotadas las reservas saudíes, el mercado mundial podría quedarse sin al menos cuatro millones de barriles diarios adicionales. Su propuesta incluye retrasar hasta enero de 2028 la entrada en vigor de ciertas obligaciones europeas sobre medición y reporte de emisiones de metano en la producción de petróleo y gas; permitir de manera transitoria un mayor uso de biocarburantes, como sustituir diésel B7 por B10 si no compromete la compatibilidad de los vehículos; y relajar algunos requisitos técnicos en refinerías europeas sin afectar la seguridad. El propio Macron sostiene, según esa misiva, que esos ajustes podrían elevar entre 5 % y 20 % la producción de las refinerías francesas, de acuerdo con consultas al sector.
La jugada tiene una lectura política y económica más amplia. Francia y buena parte de Europa siguen atrapadas entre dos objetivos difíciles de reconciliar: contener el costo de la energía para hogares y empresas, y mantener la hoja de ruta climática que exige reducir gradualmente la dependencia de los hidrocarburos. Macron insiste en que estas medidas no deben desmontar la estrategia de largo plazo para diversificar suministros y avanzar hacia la electrificación, pero también deja claro que la emergencia actual exige más margen de maniobra. En términos prácticos, la discusión importa porque un nuevo repunte de los carburantes golpea de inmediato el bolsillo de los ciudadanos, encarece el transporte y presiona la inflación, un efecto que Europa conoce bien desde la crisis energética desatada por la invasión rusa de Ucrania.
En paralelo, el Gobierno francés prepara su propia respuesta. El equipo del primer ministro Sébastien Lecornu anunció que incluirá en los presupuestos de 2027 un mecanismo para devolver a los consumidores cualquier exceso de IVA generado por una eventual nueva subida de precios en los combustibles. La señal es clara: París busca evitar que la escalada del petróleo se convierta otra vez en un problema social de primer orden. Por ahora, Macron no se inclina por bajar impuestos nacionales sobre los carburantes, una exigencia de la oposición, pero su carta revela algo más de fondo: la UE vuelve a enfrentarse al dilema de proteger a la economía real sin desandar sus compromisos climáticos.



