Madrid aguanta hasta el amanecer para celebrar el Mundial de España
Madrid vivió una madrugada de euforia tras el triunfo de España en la final del Mundial, con miles de aficionados desbordando Cibeles y otras zonas céntricas. La Policía inició el desalojo cerca de las 5:00 mientras la ciudad ya preparaba el recibimiento oficial a la selección.
Miles de personas se tomaron la madrugada en Madrid para celebrar el triunfo de España en la final del Mundial, una victoria agónica definida por un gol de Ferran Torres en la prórroga frente a Argentina. La Plaza de Cibeles se convirtió en el epicentro de la fiesta y, cuando la Policía empezó a desalojar a los congregados hacia las 5:00 de la mañana, todavía seguían siendo miles los aficionados que ocupaban también la calle Alcalá y los paseos del Prado y de Recoletos.
La celebración no se limitó a Cibeles. Según informó EFE, la Puerta del Sol reunió a varios cientos de personas hasta cerca de las 4:00 de la mañana, animadas por una charanga y por la sensación de estar frente a un hito histórico: el segundo título mundialista de España. Durante la tarde y la noche del domingo, la capital ya había vivido una antesala multitudinaria con cerca de 40.000 personas concentradas en Plaza de Colón y Madrid Río para seguir el partido, mientras que otras 15.000 lo hicieron en el Movistar Arena. Bares, terrazas y espacios alternativos como los Autocines Madrid o el Parque Warner también se llenaron para ver el encuentro.
Más allá del festejo, lo ocurrido deja una imagen clara del peso social del fútbol en España y de cómo un triunfo deportivo puede ocupar el centro de la vida urbana durante horas. Madrid amaneció con los servicios de emergencia preparando el parte de incidencias derivadas de la celebración, un recordatorio de que estas jornadas de euforia también suelen traer desórdenes, intervenciones policiales y una ciudad obligada a reorganizarse. La puesta a punto de Cibeles para el recibimiento oficial, con la selección aterrizando a las 12:50, la recepción de la Casa Real a las 16:30 y el paso por La Moncloa antes del recorrido en autobús descubierto, confirma que el país quiere convertir el logro en un acto de unidad nacional.
En términos simbólicos, esta victoria pesa más que una copa más en una vitrina. España no solo ganó un título: se regaló una madrugada de catarsis colectiva en una capital acostumbrada a las grandes celebraciones, pero siempre sorprendida por la magnitud del fútbol cuando toca la fibra. Para miles de personas, la noche terminó tarde; para el gobierno, la Casa Real y la federación, apenas comenzaba una jornada pensada para capitalizar políticamente y emocionalmente un triunfo que ya quedó inscrito en la memoria deportiva del país.


