Colombia

Mafe Carrascal alerta por recortes y defiende a la cultura como pilar social

Hace 1 hora

La representante Mafe Carrascal cuestionó al gobierno entrante por sus anuncios de recorte al gasto público y advirtió que la cultura y sus trabajadores quedarían entre las primeras víctimas. La congresista sostuvo que debilitar este sector sería un golpe a la memoria colectiva y a la protección laboral.

La representante a la Cámara por el Pacto Histórico, Mafe Carrascal, elevó el tono frente a los anuncios del gobierno entrante sobre una eventual reducción del gasto público y puso en el centro del debate un tema que suele quedar relegado cuando se habla de ajuste fiscal: el futuro de la cultura y de quienes la hacen posible. Su mensaje fue claro en una dirección política y social: recortar en ese frente no solo afecta presupuestos, sino también empleos, procesos comunitarios y la capacidad del país para sostener su memoria colectiva.

Según informó infobae colombia, Carrascal advirtió que las nuevas propuestas podrían poner en riesgo la protección laboral de trabajadores y trabajadoras que sostienen la vida cultural en Colombia, un universo que incluye gestores, artistas, técnicos, mediadores, productores, bibliotecarios, talleristas y una larga cadena de oficios muchas veces precarizados. En su crítica, la congresista defendió que la cultura no puede ser tratada como un gasto accesorio ni como una línea fácil de recortar cuando el gobierno busca dar señales de austeridad. Ese planteamiento no es menor en un país donde la informalidad laboral sigue golpeando con fuerza y donde buena parte del sector cultural sobrevive entre contratos cortos, convocatorias inestables y apoyos públicos intermitentes.

El debate que abre Carrascal toca una tensión clásica en Colombia: cómo equilibrar el ajuste fiscal con la obligación estatal de sostener sectores que no siempre producen réditos inmediatos, pero sí beneficios de largo plazo. En épocas de recorte, la cultura suele ser una de las primeras áreas en quedar expuesta, aunque su impacto vaya mucho más allá de los escenarios, los museos o las bibliotecas. Allí se forman ciudadanía, identidad y tejido social, especialmente en territorios donde el Estado llega tarde o llega poco. Por eso la discusión importa no solo para artistas o gestores, sino para cualquier comunidad que dependa de programas culturales como espacio de inclusión, formación y construcción de paz.

La advertencia de la congresista también deja una pregunta de fondo sobre el rumbo del nuevo gobierno: si la promesa de austeridad termina descargándose sobre sectores que ya operan con recursos limitados, el costo político y social puede ser alto. En un país que ha discutido durante años la necesidad de reconocer la cultura como un derecho y no como un lujo, el choque entre disciplina fiscal y protección de la vida cultural anticipa una pelea más amplia sobre qué tipo de Estado quiere construirse. Y, como suele ocurrir en estos debates, lo que se decida en Bogotá terminará sintiéndose en los territorios, donde la cultura no es un ornamento: es trabajo, pertenencia y supervivencia.

Noticias relacionadas