Mañueco apunta a una imprudencia en el incendio que obligó a evacuar Fermoselle
Un incendio en Fermoselle, Zamora, obligó a evacuar a unas 1.000 personas y a confinar a otras 1.500 en plena ola de calor y viento. Mañueco sugirió que una imprudencia pudo estar detrás del origen del fuego, mientras los equipos siguen combatiendo las llamas.
El incendio forestal declarado en Fermoselle, en pleno parque natural de Arribes del Duero, ya dejó una consecuencia inmediata y dura: la evacuación de catorce localidades con alrededor de un millar de personas y el confinamiento de Fermoselle y Fariza, donde viven otras 1.500. El presidente de la Junta de Castilla y León, Alfonso Fernández Mañueco, señaló que una imprudencia podría estar detrás del origen del fuego, en un episodio que vuelve a exhibir la fragilidad de estos territorios ante una combinación letal de calor extremo, viento y descuidos humanos.
Según informó EFE, el incendio comenzó el miércoles y se propagó con rapidez favorecido por las altas temperaturas y las fuertes rachas de viento registradas en la tarde. Mañueco hizo esa valoración durante una comparecencia ante los medios en el puesto de mando avanzado de Navaluenga, en Ávila, donde participó junto al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en una visita al incendio de Burgohondo. Aunque las causas definitivas deberán ser investigadas, el mensaje político fue claro: detrás de muchos de estos siniestros no hay solo condiciones meteorológicas adversas, sino también comportamientos irresponsables que terminan multiplicando el daño.
Lo que ocurre en Zamora no es un episodio aislado ni una anécdota de temporada. Castilla y León, como otras regiones de España, llega cada verano a una situación de máxima vulnerabilidad por la sequía acumulada, la masa forestal disponible como combustible y la presión de las olas de calor. Cuando el fuego se acerca a núcleos habitados, el impacto deja de ser ambiental y se vuelve social de inmediato: familias que abandonan sus casas, servicios de emergencia al límite y municipios enteros pendientes de una evolución que cambia por horas. En comarcas como Arribes del Duero, además, el daño puede ser doble: amenaza a la población y golpea un entorno natural de alto valor ecológico y turístico, cuya recuperación suele ser lenta y costosa.
Este incendio también reabre una discusión que rara vez se sostiene más allá del humo: la prevención. No basta con apagar llamas cuando ya están desatadas; hace falta una política más contundente de control, vigilancia y educación ciudadana, especialmente en días de riesgo extremo. Porque si finalmente se confirma una imprudencia como origen, el problema no será solo un fuego más en el mapa de emergencias, sino una evidencia incómoda de que muchas tragedias estivales siguen naciendo de decisiones humanas evitables.




