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México quiere jugar en la liga alta de la biotecnología, según Ebrard

Hace 1 hora
México quiere jugar en la liga alta de la biotecnología, según Ebrard

Imagen: infobae

Marcelo Ebrard aseguró que México ya compite en la primera línea de la biotecnología y que el país está avanzando en el desarrollo de químicos y pesticidas más sustentables. El mensaje busca posicionar a la industria mexicana en una transición que mezcla innovación, comercio y presión ambiental.

México quiere dejar de ser visto solo como un comprador o ensamblador de tecnología y empezar a presentarse como un actor capaz de innovar en sectores de alto valor agregado. Ese fue el mensaje que dejó el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, al afirmar que el país ya ocupa un lugar de liderazgo en biotecnología, impulsado por avances en el desarrollo de químicos y pesticidas más sustentables. La declaración no es menor: apunta a una industria estratégica en la que convergen productividad agrícola, regulación ambiental y competitividad internacional.

De acuerdo con lo informado por Infobae, Ebrard subrayó que México ha venido acumulando capacidades en áreas vinculadas con la biotecnología aplicada a procesos industriales y al campo, especialmente en la búsqueda de insumos menos contaminantes. En la práctica, eso significa apostar por productos que reduzcan el impacto ambiental sin sacrificar rendimiento, una discusión que hoy atraviesa tanto a las empresas como a los gobiernos, presionados por consumidores, mercados externos y compromisos climáticos cada vez más estrictos. El planteamiento del secretario coloca a la biotecnología como una palanca de crecimiento, pero también como una herramienta para modernizar sectores que históricamente han dependido de modelos más intensivos en químicos tradicionales.

El fondo del asunto es político y económico. Si México logra consolidar esa narrativa de liderazgo, podría ganar terreno en cadenas de suministro más sofisticadas, atraer inversión y fortalecer su posición frente a Estados Unidos y otros socios comerciales que demandan estándares ambientales más altos. Pero el reto no está solo en anunciar capacidades, sino en convertirlas en resultados medibles: patentes, producción escalable, regulación clara y adopción real por parte del sector agrícola e industrial. En un país donde el campo sigue siendo una fuente crucial de empleo y donde la presión por producir más con menos impacto es cada vez mayor, la biotecnología puede ser una oportunidad, pero también un examen de madurez institucional.

La afirmación de Ebrard llega en un momento en que América del Norte discute con más intensidad cómo producir alimentos, insumos y tecnología sin profundizar el daño ambiental. Para México, el desafío será demostrar que esta apuesta no se queda en el discurso. Si consigue traducir innovación en competitividad, podría abrir una nueva etapa para su economía; si no, el liderazgo en biotecnología seguirá siendo más aspiración que realidad.

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