Rubio respalda al gobierno libanés y alienta su ofensiva para debilitar a Hezbollah
Imagen: infobae mundo
Marco Rubio celebró el giro político de Líbano tras reunirse en Washington con el presidente Joseph Aoun y elogiar los esfuerzos de Beirut por recuperar soberanía frente a Hezbollah. El mensaje de EEUU llega en un momento clave para la estabilidad interna y la seguridad regional.
El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, salió de su encuentro con el presidente libanés Joseph Aoun en Washington con un mensaje que busca marcar línea en Medio Oriente: Líbano, dijo en términos diplomáticos, está intentando reencontrarse con la paz. Más allá del gesto protocolario, la declaración revela el respaldo de la administración estadounidense a un gobierno que intenta recomponer su autoridad en un país donde Hezbollah sigue siendo el principal obstáculo para que el Estado recupere el control pleno de su territorio y de su aparato de seguridad.
Según informó infobae mundo, Rubio elogió la “valentía” y el “esfuerzo” del gobierno libanés por avanzar en la recuperación de la soberanía, desarmar a Hezbollah y desmantelar su infraestructura considerada terrorista por Washington. El encuentro en la capital estadounidense no fue un evento menor: se produjo en un momento en que el liderazgo libanés necesita apoyo externo para sostener una agenda de reformas, contener las tensiones internas y evitar que el país quede atrapado otra vez entre la crisis económica, la presión de los grupos armados y el riesgo de una nueva escalada regional.
La reunión entre Rubio y Aoun también debe leerse como una señal política dirigida a varios destinatarios al mismo tiempo. Para Beirut, implica que Washington está dispuesto a respaldar a quienes se mueven contra la influencia de Hezbollah, una organización que durante años funcionó como actor político, militar y social dentro del Estado libanés. Para Teherán y sus aliados, el mensaje es otro: Estados Unidos sigue considerando inaceptable que un grupo armado conserve capacidad de veto sobre la política libanesa. Y para los libaneses de a pie, que cargan con una economía devastada, servicios públicos debilitados y una inestabilidad crónica, cualquier avance real en soberanía y seguridad podría traducirse en algo más concreto que los discursos: instituciones menos secuestradas por intereses paralelos y más margen para reconstruir el país.
El problema, sin embargo, es que la distancia entre la retórica diplomática y la realidad sobre el terreno sigue siendo enorme. Desarmar a Hezbollah no es solo una decisión política: es tocar una de las piezas más sensibles del equilibrio libanés, construido durante décadas sobre pactos frágiles, influencias extranjeras y una convivencia forzada entre Estado y milicias. Por eso el respaldo de Rubio a Aoun importa: porque Washington está apostando a que esta vez el gobierno libanés pueda dar pasos más firmes, aunque el costo interno sea alto y la resistencia, previsible. Si esa apuesta funciona, Líbano podría empezar a salir de la lógica de captura armada que lo ha hundido durante años; si fracasa, el país seguirá preso de la misma ecuación que ha frustrado una y otra vez cualquier intento de normalización.


