La IA no solo concentra poder: también está siendo usada para blindarlo, alerta experto de la ONU

Imagen: clarin colombia
Un filósofo belga que asesora a la ONU advierte que la inteligencia artificial avanza bajo una concentración de poder cada vez más peligrosa. Para Mark Coeckelbergh, el debate público está siendo secuestrado por tecnócratas que exageran el riesgo para ganar legitimidad.
Mark Coeckelbergh, una de las voces más influyentes en ética de la inteligencia artificial y miembro del Panel Científico Internacional Independiente de la ONU sobre IA, puso el dedo en la llaga sobre un problema que suele quedar por fuera del entusiasmo tecnológico: quién manda realmente en esta revolución. Según explicó en declaraciones recogidas por Clarín Colombia, su mayor preocupación no es solo el avance de la IA en sí, sino la forma en que unas pocas corporaciones de Silicon Valley han concentrado tal poder que hoy condicionan el rumbo del debate global, regulatorio y económico alrededor de esta tecnología.
El filósofo belga sostiene que el discurso dominante sobre la inteligencia artificial está lejos de ser neutral. A su juicio, ciertos sectores tecnocráticos presentan la IA como si fuera una fuerza casi apocalíptica, una narrativa que no solo exagera el peligro, sino que también les sirve para posicionarse como actores indispensables frente a gobiernos y sociedades que no terminan de entender el alcance real de estos sistemas. Esa estrategia, advierte, termina blindando a quienes controlan la infraestructura, los datos y los modelos más avanzados, mientras el resto del mundo observa una transformación que promete eficiencia, pero también dependencia y opacidad.
El punto de Coeckelbergh es especialmente relevante porque desplaza la discusión desde el terreno puramente técnico hacia el político. La gran pregunta ya no es únicamente qué puede hacer la IA, sino quién decide para qué se usa, bajo qué reglas y con qué controles democráticos. En Estados Unidos, donde se concentran las principales empresas del sector, el debate sobre regulación avanza más lento que la velocidad de innovación; en Colombia y América Latina, el riesgo es doble, porque se importan tecnologías, decisiones y sesgos diseñados en otras latitudes. En ese escenario, la preocupación por la democracia de la IA no es abstracta: afecta empleo, vigilancia, acceso a servicios públicos, educación y la calidad misma de las decisiones que toman Estados y empresas sobre millones de personas.
La advertencia de este académico llega en un momento en que la IA se ha convertido en el nuevo campo de disputa entre poder económico, regulación y legitimidad social. Si las grandes tecnológicas logran imponerse como las únicas capaces de “salvar” a la sociedad de los supuestos riesgos que ellas mismas ayudan a amplificar, el resultado puede ser un círculo peligroso: más concentración, menos control y una ciudadanía cada vez más lejos de entender cómo se toman las decisiones que ya empiezan a reorganizar su vida cotidiana.



