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Marruecos regulariza migrantes y gana peso en África mientras Europa debate el “efecto llamada”

Hace 57 minutos
Marruecos regulariza migrantes y gana peso en África mientras Europa debate el “efecto llamada”

Imagen: El País

Marruecos ha regularizado a más de 50.000 personas subsaharianas mientras refuerza su peso diplomático y económico en África. La medida ocurre en paralelo al debate español sobre la regularización de migrantes y el llamado “efecto llamada”.

Marruecos está moviendo dos fichas a la vez: por un lado, ha regularizado a más de 50.000 personas subsaharianas en su territorio; por otro, amplía su influencia diplomática y económica en África con una política de apertura que contrasta con los discursos más duros sobre migración que dominan en Europa. El dato no es menor porque Rabat no solo administra flujos migratorios, sino que también está construyendo una imagen de socio indispensable en el continente y en la relación con Bruselas y Madrid.

Según informó El País, el reino alauí ha dado papeles a decenas de miles de migrantes originarios del África subsahariana en los últimos años, en un contexto en el que intenta proyectarse como plataforma de estabilidad, negocios e ինտérmedia entre Europa y África. Esa estrategia se combina con una agenda de exención de visados para varios países africanos, una señal política que refuerza vínculos regionales y facilita la circulación de personas, comercio e inversión. En la práctica, Rabat está usando la movilidad como herramienta diplomática, no solo como asunto de control fronterizo.

El contraste con España es evidente y políticamente incómodo. Mientras en Madrid se discute si una regularización extraordinaria podría actuar como “efecto llamada”, Marruecos ha optado por normalizar la situación de una parte de la población migrante ya instalada en su territorio, al tiempo que insiste en que la gestión ordenada de los flujos no debe leerse como una invitación al descontrol. Ese mensaje tiene destinatarios claros: los gobiernos europeos que dependen de Marruecos para frenar salidas hacia el Mediterráneo y el Atlántico, pero también los países africanos con los que Rabat disputa liderazgo, inversión y alianzas estratégicas.

La lectura de fondo es que Marruecos entiende mejor que muchos de sus vecinos que la migración no es solo un problema de seguridad, sino una moneda geopolítica. Regularizar a más de 50.000 personas no resuelve por sí sola la precariedad laboral ni la vulnerabilidad de quienes siguen fuera del sistema, pero sí envía una señal de control institucional y pragmatismo. Y mientras en Europa se sigue usando el miedo al “efecto llamada” para aplazar decisiones de política migratoria, Rabat avanza en una estrategia más fría: convertir la migración, la diplomacia y la economía en piezas de un mismo tablero.

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