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Marruecos endurece el pulso con España y condiciona la entrega de cadáveres de Ceuta

Hace 1 hora

Marruecos puso una nueva condición para recibir los cuerpos de sus ciudadanos muertos en la crisis migratoria de Ceuta: exige informes forenses y la devolución de menores marroquíes. La tensión añade presión a una relación bilateral ya frágil.

Marruecos elevó el tono en torno a la crisis migratoria de Ceuta al condicionar la recepción de los cadáveres de sus nacionales fallecidos a la entrega de los informes forenses por parte de España y a la repatriación de los menores marroquíes que permanecen en la ciudad autónoma. La postura fue marcada por el ministro de Justicia, Abdellatif Ouahbi, quien dejó claro que Rabat no quiere tratar por separado a los muertos y a los menores, en un mensaje que convierte un asunto humanitario y forense en una nueva pieza de la negociación política entre ambos países.

Según informó EFE, Ouahbi aseguró en una entrevista con Al Arabiya que Marruecos no aceptará los cuerpos mientras no tenga certeza sobre la identidad de las víctimas y mientras no se resuelva la situación de los menores. El ministro sostuvo que su gobierno no sabe cuántos cadáveres de marroquíes siguen en Ceuta porque, de acuerdo con su versión, España no ha compartido los expedientes forenses. También afirmó que Rabat necesita esos archivos para determinar si entre los fallecidos hay ciudadanos marroquíes, subsaharianos o incluso de otros países árabes. La exigencia no es menor: en la práctica, Marruecos traslada a España la carga de probar la nacionalidad de los muertos antes de aceptar su repatriación.

El trasfondo de esta disputa es una crisis migratoria que dejó más de 80 cadáveres en la morgue provisional de Ceuta, mientras las autoridades locales empezaron a preparar inhumaciones ante la acumulación de cuerpos. La gestión de estos restos humanos, en paralelo con la salida masiva de migrantes hacia la ciudad española a finales de julio, expone una realidad incómoda: la frontera entre ambos países no solo es un problema de seguridad, sino también de derechos, identificación de víctimas y responsabilidad diplomática. Al ligar este asunto a los menores marroquíes en Ceuta, Rabat introduce además una segunda capa de presión, porque toca una de las cuestiones más sensibles en la relación bilateral: la tutela de niños migrantes no acompañados y su eventual retorno.

Más allá del pulso entre gobiernos, lo que está en juego es cómo se gestionan las consecuencias humanas de una crisis que ya dejó muertos, familias en incertidumbre y decenas de menores atrapados en un limbo administrativo. Marruecos dice que espera un acuerdo pronto, pero mientras no exista un mecanismo claro de identificación y repatriación, Ceuta seguirá cargando con el costo más visible de una fractura fronteriza que Madrid y Rabat no han logrado resolver del todo. En ese vacío diplomático, los cuerpos, los niños y la política se mezclan en una misma ecuación que ninguna de las dos capitales parece dispuesta a cerrar sin obtener algo a cambio.

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