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Más de 20 países restringen redes sociales a menores sin frenar su uso

Hace 2 horas
Más de 20 países restringen redes sociales a menores sin frenar su uso

Imagen: infobae

Australia abrió la puerta a una ola de restricciones contra las redes sociales para menores de 16 años, y más de 20 países ya siguieron el camino. Pero el primer sondeo en ese país sugiere que la prohibición no ha frenado su uso de forma decisiva.

Australia se convirtió en el punto de partida de una nueva ofensiva regulatoria contra las redes sociales: tras vetarlas para menores de 16 años, más de 20 países decidieron replicar la medida. Sin embargo, los primeros datos recogidos en el país oceánico muestran una realidad menos contundente de lo que prometen las leyes: la mayoría de los adolescentes sigue usando estas plataformas pese a las restricciones legales.

Según informó infobae, el sondeo realizado en Australia deja ver que la prohibición no ha roto el vínculo de los jóvenes con Instagram, TikTok, Snapchat y otras aplicaciones que hoy dominan su vida social. El dato es clave porque pone en duda la efectividad inmediata de una estrategia que, en el papel, busca proteger a los menores de los efectos de la exposición permanente a pantallas, algoritmos adictivos, contenidos nocivos y dinámicas de presión social cada vez más intensas.

El debate ya no es solo jurídico, sino político y cultural. Varios gobiernos han adoptado la restricción como respuesta a la preocupación por la salud mental adolescente, la exposición a violencia digital y la falta de control real de las plataformas sobre la edad de sus usuarios. Pero el caso australiano anticipa el problema central de estas políticas: prohibir no siempre equivale a impedir, especialmente cuando los menores tienen fácil acceso a teléfonos, cuentas prestadas o herramientas para sortear filtros de edad. En otras palabras, la discusión sobre las redes sociales no termina en el Congreso ni en los tribunales; apenas empieza en la vida cotidiana de familias, colegios y empresas tecnológicas.

Para la industria, esta expansión regulatoria representa una señal de alerta porque podría acelerar cambios en verificación de edad, diseño de productos y responsabilidad legal. Para las familias, en cambio, el dato australiano refuerza una conclusión incómoda: sin acompañamiento adulto, educación digital y controles más robustos, la norma por sí sola puede quedarse corta. Y si la mayoría de los adolescentes continúa conectada aunque la ley diga lo contrario, el verdadero desafío no será aprobar más restricciones, sino hacerlas cumplir sin empujar el problema hacia la clandestinidad digital.

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