Cuatro asesinados en Cartagena elevan a 95 las masacres registradas en Colombia en 2026

Imagen: infobae colombia
Cuatro personas fueron asesinadas a tiros en Cartagena en un ataque que, de forma preliminar, ya se contabiliza como la masacre número 95 del año en Colombia. Tres cuerpos aparecieron dentro de un carro y otro a pocos metros, en un nuevo golpe a la seguridad en la ciudad.
Cuatro personas fueron asesinadas a tiros en Cartagena en un hecho que las autoridades, de manera preliminar, ubican como la masacre número 95 registrada en Colombia durante 2026. El ataque volvió a encender las alarmas sobre la violencia armada en la ciudad y sobre la capacidad del Estado para contener unos hechos que, lejos de ser aislados, siguen acumulándose con un saldo cada vez más grave.
De acuerdo con la información conocida hasta ahora y divulgada por infobae colombia, tres de las víctimas fueron encontradas dentro de un vehículo y la cuarta apareció a pocos metros del lugar donde se produjo la agresión. Esa escena, típica de los crímenes con sello de sicariato, sugiere una acción rápida, directa y con alta letalidad, aunque por ahora no hay un relato oficial cerrado sobre los móviles ni sobre quiénes ejecutaron el ataque. En una ciudad como Cartagena, donde conviven la postal turística y una realidad de violencia persistente en varios sectores, el impacto de un episodio así no se limita al registro judicial: golpea la percepción de seguridad, el comercio, la movilidad y la vida cotidiana de quienes habitan la urbe.
Que este caso se sume como la masacre número 95 del año no es un dato menor. Más que una cifra, retrata la normalización de una tragedia nacional que sigue repitiéndose en distintos puntos del país, mientras las instituciones responden con anuncios, operativos y promesas de control que no logran frenar la tendencia. El problema de fondo es que cada nueva masacre revela la misma combinación de factores: disputas criminales, circulación de armas, debilidad preventiva y una ciudadanía que termina atrapada entre la estadística y el miedo. En Cartagena, además, el episodio presiona a las autoridades locales y nacionales a demostrar que la seguridad no puede seguir reducida a operativos reactivos después de que ya se ha consumado la muerte.
Lo que ocurra en las próximas horas será clave para establecer si este crimen responde a una retaliación entre estructuras ilegales, a un ajuste de cuentas o a una disputa territorial más amplia. Pero aun antes de que se conozca una hipótesis oficial, el mensaje es inquietante: Colombia sigue contando masacres a un ritmo que debería sacudir al país, no acostumbrarlo. Y cuando una ciudad como Cartagena entra en esa lista, el costo político y social ya no se mide solo en víctimas, sino en la erosión de la confianza pública y en la sensación de que la violencia sigue llegando primero que el Estado.



