Colombia

Colombia enfrenta una realidad persistente de matrimonios y uniones tempranas

Hace 2 horas

En Colombia, el matrimonio y las uniones tempranas siguen dejando una huella silenciosa en miles de adolescentes. Un estudio de Fundación Plan halló 6.206 registros de menores entre 10 y 17 años en esa situación entre 2022 y 2025.

El matrimonio infantil y las uniones tempranas siguen siendo una realidad vigente en Colombia, pese a los avances legales y al debate público sobre la protección de la niñez. Un estudio de Fundación Plan identificó 6.206 registros de niñas, niños y adolescentes entre 10 y 17 años que estaban o habían estado en matrimonios o uniones tempranas entre 2022 y 2025, una cifra que vuelve a poner sobre la mesa una práctica que limita derechos, corta trayectorias educativas y expone a menores a violencias múltiples.

De acuerdo con la información divulgada por Infobae Colombia a partir de ese estudio, el fenómeno golpea de forma especialmente dura a las adolescentes mujeres. El dato más alarmante es que 5 de cada 100 adolescentes mujeres han estado en uniones tempranas, lo que confirma que el problema no es marginal ni aislado, sino una expresión persistente de desigualdad de género, pobreza y desigual acceso a oportunidades. Detrás de cada registro hay una historia que suele combinar dependencia económica, presión familiar, embarazo temprano y ausencia de redes de protección efectivas.

El hallazgo de Fundación Plan importa porque revela que el país todavía no logra cerrar una brecha que afecta directamente el presente y el futuro de miles de menores. Cuando una niña o adolescente entra en una unión temprana, no solo se altera su proyecto de vida: también aumentan los riesgos de deserción escolar, embarazo adolescente, violencia intrafamiliar y exclusión económica. En términos prácticos, el costo social termina recayendo sobre las familias, el sistema de salud, la educación pública y el mercado laboral, que recibe a jóvenes con menos herramientas para sostener autonomía e ingresos propios.

La discusión, además, no puede quedarse en el terreno moral o cultural. El dato expone una falla estructural del Estado para prevenir y atender una práctica que, aunque a veces se normaliza en ciertos entornos, tiene consecuencias profundas y duraderas. Si Colombia quiere avanzar en protección real de la niñez, el debate debe pasar de la condena simbólica a la acción concreta: más prevención en escuelas y territorios, rutas de atención más rápidas, seguimiento institucional y políticas que le resten espacio a la pobreza como combustible de estas uniones. Lo que muestra este estudio no es solo una estadística incómoda; es una alerta sobre cuántas niñas siguen creciendo antes de tiempo.

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