Negociación del presupuesto avanza con cambios limitados, según senador Garcés
Imagen: El Tiempo - Política
La discusión del Presupuesto General de la Nación sigue apretada en el Congreso y, según el senador Carlos Meisel Garcés, el margen real de ajuste sería pequeño. El Gobierno, sin embargo, insiste en que hay espacio para un acuerdo político que evite un choque mayor.
El debate por el Presupuesto General de la Nación entró en una fase decisiva y, por ahora, el mensaje desde la oposición es claro: el margen para modificar la propuesta del Gobierno sería limitado. El senador Carlos Meisel Garcés, del Centro Democrático, afirmó que la negociación ha sido compleja, pero dejó entrever que el ajuste final no superaría los 3 billones de pesos, una cifra que, en el contexto de las finanzas públicas, sugiere más una corrección política que una reescritura de fondo del proyecto.
La observación del congresista no es menor. En una discusión presupuestal, hablar de un cambio acotado equivale a reconocer que buena parte de la arquitectura fiscal ya está definida desde el Ejecutivo y que el pulso legislativo gira, sobre todo, en torno a prioridades, asignación de recursos y concesiones entre bancadas. Según planteó Garcés, la negociación ha sido difícil, pero destacó la propuesta presentada por el Gobierno, una señal de que incluso entre los sectores críticos hay reconocimiento de que la discusión no está cerrada al consenso.
Ese escenario importa porque el presupuesto no es un trámite técnico más: define cuánto dinero tendrá el Estado para operar, invertir y responder a las presiones sociales y económicas del próximo año. Si el ajuste termina siendo tan limitado como advierte el senador, el Gobierno conservaría buena parte de su plan de gasto, pero también quedaría expuesto a las críticas de quienes consideran que el proyecto no corrige lo suficiente los desequilibrios fiscales ni reordena prioridades en áreas sensibles como inversión, seguridad o gasto social. En Colombia, cada discusión presupuestal termina siendo una radiografía del poder real del Gobierno en el Congreso, y esta no parece ser la excepción.
El punto de fondo es que el país llega a esta negociación en un momento en que cada billón cuenta. Con una economía todavía golpeada por el bajo crecimiento, el aumento de las necesidades sociales y la presión por sostener el gasto público, cualquier cambio en el presupuesto termina teniendo efectos directos sobre regiones, programas y sectores productivos. Por eso, más allá de la cifra concreta que finalmente se apruebe, lo que está en juego es la capacidad del Gobierno de sostener gobernabilidad sin desbordar las cuentas. Y en ese equilibrio, por ahora, nadie parece dispuesto a ceder demasiado.




