Medellín fue la segunda ciudad con más casos de extorsión en 15 años
Imagen: El Tiempo (Colombia)
Medellín se consolidó como la segunda ciudad del país con más casos de extorsión en los últimos 15 años, según un informe de Asocapitales. Aunque las capturas han aumentado, el reporte advierte que el delito sigue subregistrado y golpea con fuerza a comerciantes y ciudadanos.
Medellín se ubicó como la segunda ciudad de Colombia con más casos de extorsión en los últimos 15 años, un dato que vuelve a poner sobre la mesa la expansión silenciosa de este delito en los centros urbanos. El informe más reciente de Asocapitales, citado por El Tiempo (Colombia), muestra que la capital antioqueña sigue entre los puntos más presionados por las redes de cobro ilegal, aun cuando en los últimos años han aumentado las capturas relacionadas con este fenómeno.
La radiografía de Asocapitales, construida con base en las principales ciudades del país, no solo confirma la persistencia de la extorsión como uno de los delitos más sensibles para la seguridad urbana, sino que también deja ver un problema estructural: muchas víctimas no denuncian. Ese subregistro, de acuerdo con el análisis divulgado, distorsiona la magnitud real del problema y dificulta medir con precisión cuánto avanza este crimen en barrios, corredores comerciales y sectores productivos donde la presión criminal suele operar en silencio.
El caso de Medellín resulta especialmente preocupante porque la extorsión no solo afecta a grandes comerciantes o empresarios, sino también a tenderos, transportadores, dueños de pequeños negocios y habitantes de sectores populares que terminan pagando por miedo. Por eso el aumento de capturas, aunque importante, no puede leerse como una solución definitiva: también puede reflejar una mejor capacidad de respuesta institucional frente a un delito que se adapta con rapidez, fragmenta sus esquemas de cobro y se sostiene precisamente en el temor de las víctimas a denunciar.
Más allá de la cifra, lo que revela el informe es una tensión conocida en las ciudades colombianas: la seguridad no se mide solo por el número de detenciones, sino por la capacidad del Estado para romper la cadena de intimidación que permite que la extorsión siga siendo rentable. Si el subregistro continúa, Medellín y otras capitales seguirán viendo cómo este delito se mantiene oculto en las estadísticas, pero muy presente en la vida cotidiana de quienes pagan para poder trabajar o simplemente moverse sin amenazas.



