Mil regresan a casa, pero 7.000 siguen fuera por el incendio que devora Castellón

Imagen: El País
Un millar de vecinos de La Vall d’Uixó ha podido regresar a sus casas, pero la emergencia sigue abierta para cerca de 7.000 personas que continúan evacuadas por el incendio que ya arrasó 9.644 hectáreas en Castellón. El fuego, aún fuera de control, ha alcanzado parte del parque natural de la Sierra de Espadán.
Un millar de vecinos de La Vall d’Uixó ha empezado a volver a casa, pero la normalidad sigue lejos en Castellón: unas 7.000 personas continúan evacuadas mientras el incendio forestal que golpea la zona permanece fuera de control y ya ha calcinado 9.644 hectáreas. El avance de las llamas, además, ha alcanzado parte del parque natural de la Sierra de Espadán, uno de los espacios protegidos más sensibles de la provincia, lo que agrava el daño ambiental y eleva la presión sobre los equipos de extinción.
La reapertura parcial del acceso a ciertas viviendas no debe leerse como un cierre de crisis, sino como una medida prudente en un escenario todavía inestable. Según informó El País, las autoridades han permitido el regreso de algunos residentes mientras mantienen amplios desalojos preventivos en municipios y urbanizaciones cercanas al perímetro del incendio. La prioridad sigue siendo evitar víctimas y contener un frente que, por la combinación de calor, viento y vegetación seca, ha resultado especialmente difícil de estabilizar. Para las familias afectadas, el balance es inmediato y duro: casas vacías, animales desplazados, negocios paralizados y una incertidumbre que se extiende día y noche.
Este incendio vuelve a poner sobre la mesa una realidad que ya no puede tratarse como una anomalía estacional: la España mediterránea vive cada verano con un riesgo de incendios más agresivo, más rápido y más destructivo. Cuando el fuego supera las miles de hectáreas y entra en espacios protegidos, el problema deja de ser solo forestal y se convierte también en territorial, económico y social. La Sierra de Espadán no solo aporta biodiversidad; también sostiene turismo rural, actividades agrícolas y el equilibrio de comunidades enteras que dependen del monte para vivir, trabajar y atraer visitantes. Cada hectárea perdida se traduce en años de recuperación y en una factura pública que termina pagando toda la sociedad.
La evolución de las próximas horas será decisiva para saber si la emergencia entra en una fase de contención o si obliga a nuevos desalojos. Pero incluso si el fuego se frena pronto, el impacto ya está hecho: miles de personas siguen fuera de sus hogares, el patrimonio natural ha recibido un golpe severo y los servicios de emergencia vuelven a enfrentarse a un patrón que se repite con demasiada frecuencia. Lo que está ardiendo en Castellón no es solo monte; también arde la fragilidad de un territorio que llega tarde a protegerse de una amenaza cada vez más previsible.



