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Milei exhibe la menor inflación mensual en un año, pero el alivio sigue siendo frágil

Hace 12 horas

Argentina registró en agosto una inflación mensual de 1,7%, el nivel más bajo en más de un año y un dato que Javier Milei presentó como señal de validación de su ajuste económico. Pero la desaceleración convive con una inflación acumulada de 33,5% en 12 meses y con un IPC que en 2026 ya duplicó la meta oficial.

Argentina cerró agosto con una inflación mensual de 1,7%, el registro más bajo en más de un año y un alivio estadístico para el gobierno de Javier Milei, que ha hecho de la desinflación su principal bandera política. El dato llega como una buena noticia para la Casa Rosada en un contexto de fuerte ajuste fiscal y monetario, pero no borra una realidad mucho más incómoda para millones de hogares: los precios siguen 33,5% por encima de los de hace 12 meses, y el costo de vida continúa presionando salarios, jubilaciones y consumo.

De acuerdo con la información difundida por el gobierno argentino y recogida por El País, la baja de agosto refuerza la narrativa oficial de que el programa económico empieza a dar resultados en el frente más sensible para la población. Milei ha apostado por una corrección brusca del desequilibrio fiscal y por un endurecimiento monetario que, según su equipo, era indispensable para frenar la inercia inflacionaria heredada. Sin embargo, la lectura de fondo es menos celebratoria: un IPC mensual de 1,7% puede ser un avance frente a los picos que vivió Argentina, pero sigue siendo una tasa elevada en términos internacionales y no resuelve el deterioro acumulado del poder adquisitivo.

El dato adquiere todavía más peso porque en lo que va de 2026 la inflación ya duplicó la proyección oficial del Gobierno, lo que deja en evidencia la fragilidad de las estimaciones económicas en un país acostumbrado a recalcular sus pronósticos casi mes a mes. Ahí está el punto político de fondo: Milei necesita que la desinflación llegue rápido a la calle, no solo a los gráficos del Ministerio de Economía. Si los precios dejan de acelerar pero los ingresos no alcanzan para recomponer consumo, el alivio macro puede no traducirse en alivio social. Y en Argentina esa diferencia importa más que en cualquier otro lugar: define humor social, sostiene o desgasta apoyo político y marca el margen de maniobra para el ajuste.

Por eso el 1,7% de agosto debe leerse con cautela. Es, sin duda, un dato que el Gobierno puede exhibir como triunfo parcial frente a una herencia inflacionaria devastadora. Pero también es una foto incompleta de una economía que todavía convive con pérdida de poder de compra, empleo bajo presión y expectativas frágiles. Si la tendencia se sostiene, Milei tendrá un argumento fuerte para defender su plan; si no se transmite a salarios y precios relativos, la celebración puede quedar reducida a un alivio momentáneo en medio de una sociedad que sigue haciendo cuentas para llegar a fin de mes.

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