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La Diada exhibe menos músculo independentista y el avance de la extrema derecha

Hace 2 horas
La Diada exhibe menos músculo independentista y el avance de la extrema derecha

Imagen: El País

Miles de personas salieron a las calles de Barcelona en la Diada para reclamar la independencia de Cataluña, en una jornada marcada por menos músculo movilizador que en años anteriores. El telón de fondo fue un dato inquietante: el avance de la extrema derecha en el debate político catalán.

La Diada volvió a llenar de banderas y consignas el centro de Barcelona, pero ya no con la fuerza desbordante de otros años. Miles de personas se manifestaron este jueves para exigir la independencia de Cataluña en una jornada que, según informó El País, estuvo atravesada por un clima político más áspero y por el crecimiento de la extrema derecha, un factor que está reordenando el tablero soberanista y debilitando el tono épico que durante años acompañó estas movilizaciones.

La concentración puso de relieve que el independentismo sigue vivo, aunque con menos capacidad de arrastre que en la etapa más intensa del procés. Las calles mostraron una base social todavía activa, pero también más fragmentada, más defensiva y obligada a competir por la atención pública con un discurso ultraderechista que ha ganado visibilidad en Cataluña y en el resto de España. En ese nuevo escenario, la manifestación de la Diada no solo fue una demostración de fuerza simbólica, sino también una foto de las dificultades del movimiento para recuperar la iniciativa política.

Ese cambio importa porque la Diada no es una marcha más del calendario catalán: funciona como termómetro del estado real del independentismo y, por extensión, de la capacidad de la política española para absorber un conflicto que nunca se cerró del todo. El auge de la extrema derecha añade una capa de tensión adicional, porque empuja el debate hacia posiciones más identitarias y polarizadas, al tiempo que complica cualquier espacio de negociación o de matiz. Para buena parte de la ciudadanía, esto se traduce en un horizonte político menos previsible y en una discusión pública cada vez más centrada en símbolos, fronteras y agravios.

Lo que se vio en Barcelona deja una señal clara: el independentismo mantiene militancia y capacidad de movilización, pero ya no domina el relato con la holgura de hace unos años. La extrema derecha ha encontrado terreno fértil en ese desgaste, y su avance puede terminar influyendo no solo en Cataluña, sino también en el clima político de toda España. Si el independentismo quiere seguir siendo un actor central, tendrá que responder no solo a Madrid, sino también a una sociedad catalana más dividida y a un adversario que ha aprendido a capitalizar el descontento.

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