Cancelación de Millonarios y Once Caldas reabre crisis por gramilla de El Campín

Imagen: www.colombia.com/deportes
La Dimayor canceló el partido entre Millonarios y Once Caldas por el mal estado de la cancha de El Campín, dejando el compromiso sin nueva fecha. La decisión reavivó las críticas sobre la gramilla del estadio bogotano y su impacto en la competencia.
La Dimayor tomó la decisión de cancelar el partido entre Millonarios y Once Caldas debido al mal estado de la gramilla de El Campín, un golpe que deja el compromiso en el aire y vuelve a poner bajo la lupa una problemática que en Bogotá ya dejó de ser coyuntural para convertirse en rutina. El encuentro, que debía disputarse en la capital, quedó sin programación definida mientras aumentan las dudas sobre la capacidad del escenario para albergar partidos en condiciones mínimas de competencia.
Según informó www.colombia.com/deportes, la determinación se produjo tras revisar el estado del terreno de juego, que no ofrecía garantías para el desarrollo normal del partido. La cancelación no solo afecta la logística de Millonarios y Once Caldas, sino también el calendario de la liga, que suele resentirse cuando un encuentro queda aplazado por factores ajenos al juego. En la práctica, esto obliga a revisar fechas, viajes, entrenamientos y cargas físicas de los planteles, con un impacto directo sobre la planificación deportiva.
El caso vuelve a exponer un problema estructural alrededor de El Campín: la discusión ya no gira únicamente en torno a un partido suspendido, sino a la sostenibilidad de la cancha como escenario de alto nivel. Para Millonarios, que depende de ese estadio como local, la situación tiene un costo deportivo y simbólico; para el fútbol colombiano, es otra señal de la fragilidad con la que se administran algunos escenarios fundamentales del torneo. Cuando una cancha no permite jugar, el daño no se limita a los 90 minutos que se pierden, sino que se extiende a la credibilidad del campeonato y a la experiencia de los hinchas.
Por ahora, el encuentro sigue sin fecha de reprogramación y la polémica apenas comienza. Mientras no haya una solución de fondo para la gramilla de El Campín, cada aplazamiento seguirá alimentando la misma pregunta incómoda: cómo puede sostenerse un calendario competitivo si el estadio principal de la capital no está en condiciones de recibir fútbol profesional con regularidad.




