Política

Beltrán niega haber abandonado Bucaramanga en medio de la emergencia y responde a críticas

Hace 4 horas

Jaime Andrés Beltrán salió al paso de la polémica por su presunto viaje a Santa Marta y negó haber dejado abandonada la atención de la emergencia. El exalcalde de Bucaramanga defendió que siguió pendiente de la gestión y que no hubo una ruptura en sus responsabilidades.

Jaime Andrés Beltrán tuvo que salir a dar explicaciones después de que crecieran las críticas por un supuesto viaje a Santa Marta en medio de la emergencia que enfrentaba Bucaramanga. En un video difundido por él mismo, el exalcalde rechazó la versión de que hubiera abandonado sus responsabilidades y aseguró que su papel frente a la situación se mantuvo activo, en respuesta a una controversia que rápidamente se instaló en la discusión política local.

La polémica comenzó a escalar a partir de señalamientos sobre su ausencia en un momento sensible para la ciudad, cuando la atención ciudadana estaba puesta en la respuesta institucional ante la emergencia. Beltrán buscó cortar de raíz la interpretación más grave del episodio: que se habría desconectado de su deber como mandatario. Su mensaje fue explícito en una línea defensiva, al insistir en que no dejó de atender sus funciones y que la narrativa que circuló sobre un supuesto abandono no corresponde con lo ocurrido, según se desprende de su intervención pública.

Más allá del intercambio puntual, el caso revela un problema recurrente en la política colombiana: la fragilidad de la confianza ciudadana cuando una autoridad aparece lejos del foco de una crisis. En escenarios de emergencia, la percepción pesa casi tanto como la gestión misma. Por eso, cualquier señal de distancia, real o percibida, puede convertirse en un costo político inmediato. En el caso de Bucaramanga, la discusión no gira solo alrededor de un viaje, sino sobre la exigencia de presencia, rendición de cuentas y liderazgo visible en medio de la tensión. Y eso importa porque, para la gente de a pie, la pregunta no es únicamente dónde estaba el funcionario, sino si la institucionalidad respondió con la rapidez y claridad que exige una crisis.

El episodio también deja ver cómo hoy la defensa pública de un mandatario ocurre en tiempo real y bajo la presión de las redes sociales, donde una versión puede fijarse antes de que aparezca una explicación completa. Beltrán optó por el video como herramienta de desmentido, una estrategia cada vez más común para intentar controlar el daño reputacional. Pero en política, negar una acusación no siempre basta: lo que termina marcando la diferencia es si la ciudadanía percibe coherencia entre el discurso y la gestión. Esa es la verdadera prueba que queda abierta después de esta controversia.

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