Colombia

Rodrigo Lara defiende el estatuto antiterrorista y descarta afectación a la oposición

Hace 5 horas

El ministro del Interior, Rodrigo Lara, salió a defender el estatuto antiterrorista y negó que vaya a convertirse en una herramienta contra la oposición. Según dijo, la medida solo debería preocupar a las organizaciones terroristas.

El ministro del Interior, Rodrigo Lara, salió este jueves a contener la creciente inquietud en la oposición por el estatuto antiterrorista y aseguró que la iniciativa no está pensada para afectar a partidos políticos ni a voces críticas del Gobierno. Su mensaje buscó bajar la tensión en medio de las advertencias de sectores que ven en el proyecto una posible puerta a abusos de poder.

De acuerdo con lo expuesto por Lara, la norma apunta exclusivamente contra estructuras terroristas y no contra la actividad política legítima. El ministro insistió en que no hay razón para que los partidos de oposición enciendan alarmas, porque —según su lectura— el alcance del estatuto no toca el funcionamiento democrático ni restringe la labor de quienes discrepan del Ejecutivo. La defensa del funcionario llega en un momento sensible, cuando cualquier reforma asociada a seguridad suele leerse en clave política.

El debate no es menor. En Colombia, cada vez que el Gobierno presenta herramientas excepcionales en materia de orden público, reaparece el mismo interrogante: dónde termina la lucha contra la violencia y dónde comienza el riesgo para las libertades civiles. Por eso la reacción de la oposición era previsible. En un país marcado por décadas de conflicto interno, los límites jurídicos de este tipo de estatutos importan tanto como su objetivo declarado, porque pueden definir el margen de actuación del Estado frente a protestas, disidencias o movimientos incómodos para el poder.

La discusión de fondo, entonces, no es solo si el estatuto antiterrorista es necesario, sino quién controla su aplicación y con qué garantías. Lara intenta asegurar que la medida no cruzará esa línea roja, pero el pulso político apenas comienza. En Colombia, la desconfianza frente a los instrumentos de seguridad no nace de la nada: se alimenta de una historia larga en la que la excepción, muchas veces, termina queriendo ser regla.

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