Rodrigo Lara asume la Imprenta Nacional en plena transición del nuevo modelo de pasaportes
Imagen: El Tiempo - Política
Rodrigo Lara quedó oficialmente al frente de la Imprenta Nacional, la entidad llamada a ejecutar el nuevo modelo de pasaportes en Colombia. El relevo ocurre tras la salida de Viviana León Herrera, aceptada por decreto del Gobierno.
El Gobierno formalizó un cambio clave en una de las piezas más sensibles del engranaje estatal: la Imprenta Nacional. A través del decreto 1297, aceptó la renuncia de Viviana León Herrera y dejó encargado del despacho al ministro Rodrigo Lara, justo cuando la entidad carga con la responsabilidad de poner en marcha el nuevo modelo de pasaportes, un tema que ha estado bajo fuerte escrutinio por sus implicaciones administrativas y políticas.
La decisión no es menor. La Imprenta Nacional no solo cumple funciones técnicas de producción documental; en este momento se encuentra en el centro de una transición que ha levantado dudas sobre capacidad operativa, tiempos de implementación y estabilidad institucional. Con Lara a cargo, el Ejecutivo busca asegurar continuidad en una entidad que debe responder a una demanda crítica del país: garantizar la expedición de pasaportes sin tropiezos, en medio de una discusión que ya ha tenido varias señales de tensión dentro del propio Gobierno.
Este movimiento debe leerse en el contexto de una política pública que ha generado controversia desde su anuncio. El nuevo esquema de pasaportes se convirtió en una prueba de fuego para el Estado: no se trata solo de quién imprime o administra el documento, sino de quién asume la responsabilidad de que el servicio funcione para millones de colombianos. En la práctica, cualquier retraso, improvisación o vacío de liderazgo termina afectando directamente a ciudadanos que necesitan viajar, trabajar, estudiar o resolver trámites urgentes. Por eso la designación temporal de Lara no puede verse como un simple ajuste burocrático, sino como una señal de que el Gobierno intenta contener riesgos en una transición delicada.
Ahora bien, el problema de fondo no se limita a un nombre en encargo. La salida de León Herrera y la llegada de Lara reflejan un escenario donde la implementación del nuevo modelo sigue siendo políticamente sensible y administrativamente compleja. En Colombia, los cambios en sistemas de identificación y expedición de documentos suelen revelar más que una reorganización técnica: ponen a prueba la capacidad del Estado para sostener servicios esenciales sin improvisación. Si el Gobierno quiere evitar que la discusión sobre pasaportes se convierta en otro frente de desgaste, tendrá que demostrar con hechos que este relevo sirve para ordenar la casa y no para ganar tiempo.




