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Moldavia denuncia caída de misiles y drones rusos en su territorio tras ataque a Ucrania

Hace 2 horas

Moldavia denunció que misiles y drones rusos cayeron en su territorio durante un ataque contra Ucrania, en una nueva señal de expansión del conflicto. La presidenta Maia Sandu advirtió que Moscú está poniendo en riesgo vidas más allá de la guerra en el frente.

Moldavia volvió a quedar en la línea de fuego de la guerra en Ucrania. La presidenta Maia Sandu denunció que misiles y drones lanzados por Rusia durante un ataque contra territorio ucraniano impactaron en suelo moldavo, en un episodio que elevó la alarma en un país pequeño, vulnerable y pegado a una de las zonas más castigadas por la ofensiva rusa: el entorno de Odesa.

Según informó infobae mundo, las explosiones se registraron en localidades del sureste moldavo cercanas a esa ciudad portuaria ucraniana. Sandu atribuyó directamente a Moscú la responsabilidad de poner en peligro vidas en toda Europa, una acusación que no es solo retórica diplomática: refleja el temor de que la guerra, lejos de contenerse dentro de las fronteras ucranianas, siga desbordándose sobre países vecinos que no participan en el conflicto pero sí cargan con sus consecuencias.

El caso de Moldavia importa por varias razones. Primero, porque confirma lo frágil que es la seguridad en el flanco oriental europeo, donde un error de navegación, una trayectoria desviada o una ampliación deliberada de los ataques puede cruzar una frontera internacional en segundos. Segundo, porque Moldavia vive en una tensión permanente entre su cercanía geográfica a la guerra y su debilidad militar e institucional, lo que la convierte en un Estado particularmente expuesto a cualquier escalada. Y tercero, porque cada incidente de este tipo alimenta la presión sobre Europa para reforzar la defensa de sus socios más vulnerables, en un contexto en el que el Kremlin ya no solo disputa territorio ucraniano, sino también el equilibrio político y estratégico de la región.

Para la población moldava, el mensaje es inquietante: la guerra ya no se percibe como un conflicto lejano. Cuando un ataque dirigido contra Ucrania termina con explosiones en territorio nacional, la frontera deja de ser una garantía y se convierte en una línea cada vez más porosa. Y para el resto de Europa, el episodio recuerda una verdad incómoda: mientras siga activa la maquinaria bélica rusa, ningún país del vecindario puede darse por completamente a salvo.

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