Colombia

Muerte en clínica estética de Envigado reabre dudas sobre la seguridad de la cirugía plástica

Hace 1 hora

Una mujer de 48 años murió en una clínica estética de Envigado, Antioquia, antes de someterse a una cirugía plástica. La víctima, identificada como Mónica Saldarriaga, sufrió un paro cardiorrespiratorio y no logró sobrevivir pese a la atención médica.

La muerte de Mónica Saldarriaga, de 48 años, en una clínica estética de Envigado vuelve a poner bajo la lupa los riesgos asociados a los procedimientos médicos en centros dedicados a la cirugía estética. Según informó El Tiempo (Colombia), la mujer falleció por un paro cardiorrespiratorio antes de alcanzar a someterse a la intervención plástica que tenía prevista, pese a los intentos del personal médico por estabilizarla.

De acuerdo con la información disponible, el hecho ocurrió en una clínica estética del municipio del sur del Valle de Aburrá, una zona donde en los últimos años han proliferado los consultorios y centros especializados en procedimientos de belleza, remodelación corporal y cirugías plásticas. La víctima fue identificada como Mónica Saldarriaga, y aunque el equipo asistencial actuó de inmediato, la emergencia médica terminó siendo fatal. El caso, por ahora, deja más preguntas que respuestas sobre las condiciones en las que se encontraba la paciente, el estado en que ingresó al centro y los protocolos activados para enfrentar una complicación de este tipo.

Este tipo de episodios no puede leerse como un hecho aislado ni como una simple tragedia personal. En Colombia, la cirugía estética se ha convertido en una industria de alto movimiento, impulsada por la demanda interna y por pacientes que llegan desde el exterior. Pero esa expansión también ha expuesto un problema de fondo: no todos los establecimientos operan con los mismos estándares de seguridad, vigilancia y capacidad de respuesta ante emergencias. Un paro cardiorrespiratorio puede presentarse por múltiples causas y en cualquier contexto clínico, pero la diferencia entre la vida y la muerte suele depender de la rapidez del diagnóstico, la preparación del equipo y la infraestructura disponible. Cuando una persona muere antes incluso de iniciar la cirugía, la discusión inevitablemente se desplaza hacia la evaluación preoperatoria, los riesgos asumidos y la supervisión del sistema de salud sobre este tipo de servicios.

Por ahora, el caso de Saldarriaga debería servir para algo más que alimentar la estadística de muertes asociadas a procedimientos estéticos. También obliga a revisar qué tan informados llegan los pacientes a estas citas, qué controles se exigen a las clínicas y hasta dónde llega la responsabilidad institucional cuando una emergencia ocurre en un entorno que, en teoría, debe estar preparado para salvar vidas y no solo para atender expectativas estéticas. En un país donde la cirugía plástica es vista por muchos como una salida rápida a una presión social cada vez más fuerte sobre el cuerpo, la seguridad no puede quedar relegada detrás del negocio.

Noticias relacionadas