Indígenas en Paraguay exigen reconocer a las parteras y sus saberes ancestrales
Mujeres indígenas de Paraguay reclamaron al Estado que reconozca plenamente a las parteras tradicionales, clave en comunidades donde la salud pública casi no llega. Denuncian discriminación, violencia obstétrica y un sistema que ignora prácticas de parto propias.
En Paraguay, mujeres indígenas volvieron a poner sobre la mesa una deuda histórica del Estado: el reconocimiento real de las parteras tradicionales y de los saberes ancestrales que sostienen la atención de embarazos y partos en comunidades apartadas. El reclamo, hecho en Asunción al cierre de una semana de actividades por el Día Internacional de las Mujeres Indígenas, no es solo simbólico: apunta a una realidad dura, marcada por la ausencia de servicios de salud adecuados y por la desconfianza que muchas mujeres sienten frente a los hospitales públicos.
Según informó EFE, representantes de organizaciones comunitarias se reunieron en una plaza de la capital paraguaya para exigir que el papel de las parteras sea incorporado de forma plena en las políticas públicas. Tina Alvarenga, secretaria ejecutiva de la Articulación de Mujeres Indígenas del Paraguay, sostuvo que estos conocimientos no son accesorios ni folclore: son una herramienta concreta para salvar vidas y acompañar nacimientos en territorios donde el Estado llega tarde o no llega. La dirigente denunció además que muchas mujeres indígenas enfrentan maltrato, discriminación y violencia obstétrica en centros de salud públicos, lo que empuja a varias a optar por el parto comunitario con parteras de confianza.
El trasfondo de este reclamo revela una tensión más profunda entre el sistema biomédico estatal y las formas indígenas de entender el nacimiento. Alvarenga advirtió que persiste un choque cultural: mientras en hospitales públicos suele imponerse el parto horizontal, en varias comunidades indígenas se mantienen prácticas verticales o en cuclillas, además de rituales de contención emocional y espiritual que forman parte del proceso. Dominga Maciel, indígena angaité y enfermera con casi tres décadas de experiencia, explicó que las parteras no solo asisten el alumbramiento, sino que acompañan a la mujer durante el embarazo, el posparto y la vida familiar, y además conservan el conocimiento de plantas y medicinas tradicionales. Ese acompañamiento integral, que el sistema formal no suele reconocer, es precisamente lo que las vuelve indispensables en zonas rurales y aisladas.
La discusión importa porque no se limita a una reivindicación cultural: habla de acceso, de derechos y de supervivencia materna e infantil. Si Paraguay quiere reducir brechas en salud, no basta con abrir más consultorios en el papel; también debe aprender a dialogar con las prácticas de las comunidades, en lugar de tratarlas como una anomalía. Reconocer a las parteras no significa reemplazar la medicina moderna, sino tender puentes entre dos sistemas que, bien articulados, podrían evitar muertes prevenibles y devolver dignidad a mujeres que históricamente han sido atendidas tarde, mal o con prejuicio.



