El rescate de 30.000 animales que dejó Itaipú: la otra cara de la gran represa

Imagen: BBC Mundo
Cuando Paraguay y Brasil levantaron la represa de Itaipú, el ingeniero agrónomo Darío Perez Chena encabezó un rescate sin precedentes: más de 30.000 animales fueron trasladados para evitar que quedaran atrapados por la inundación. La operación se convirtió en un hito de conservación en América Latina.
La construcción de la represa de Itaipú no solo cambió el mapa energético de Paraguay y Brasil: también obligó a ejecutar uno de los mayores rescates de fauna de la historia de América Latina. Más de 30.000 animales fueron rescatados antes de que el agua cubriera amplias zonas del territorio afectado, en una operación que tuvo al ingeniero agrónomo Darío Perez Chena entre sus principales responsables en Paraguay, según relató a BBC Mundo. Lo que estuvo en juego no era un detalle ambiental secundario, sino la posibilidad de perder de golpe una biodiversidad entera atrapada por el avance de una obra gigantesca.
Perez Chena describió ante la BBC un operativo monumental, construido casi a contrarreloj, para sacar reptiles, aves, mamíferos y otras especies de áreas destinadas a quedar bajo el agua. No se trató de una simple tarea de traslado: implicó coordinación técnica, conocimiento del comportamiento de cada especie y una logística que hoy suena descomunal para la época. En un contexto en el que la prioridad política y económica era asegurar una hidroeléctrica estratégica para ambos países, el rescate de fauna exigió imponer una mirada ambiental en un proyecto dominado por la ingeniería y la geopolítica energética.
Ese es precisamente el valor de este episodio: recuerda que las grandes obras de infraestructura suelen dejar una cuenta ecológica que rara vez se mide con la misma precisión que sus beneficios económicos. Itaipú es una de las centrales hidroeléctricas más importantes del mundo, símbolo de integración regional y de suministro eléctrico para millones de personas, pero su construcción también obligó a enfrentar una pregunta incómoda que sigue vigente hoy en América Latina: ¿cómo se compensa el daño ambiental cuando el desarrollo avanza sobre ecosistemas vivos? En tiempos en que la expansión de represas, carreteras, minería y agronegocios sigue presionando hábitats naturales, la experiencia paraguaya deja una lección clara: la conservación no puede ser una nota al pie de página, sino parte central de la planificación.
El caso de Mymba Kuéra, como se conoce este rescate, también ayuda a entender que la protección de la biodiversidad no es una idea abstracta ni un lujo de laboratorio. Se traduce en decisiones concretas, en equipos de campo, en riesgo asumido por personas que salen a capturar y mover animales para que sobrevivan a la transformación de su entorno. Medio siglo después, la historia de Itaipú sigue importando porque habla de una tensión que no se ha resuelto: la que existe entre producir energía a gran escala y preservar la vida que habita los territorios intervenidos. Y en esa tensión, Paraguay dejó una experiencia que merece ser recordada no solo por su magnitud, sino por lo que anticipó sobre los desafíos ambientales de la región.



