Colombia

Samaniego en alerta: dos asesinatos en una semana revelan la fragilidad de Nariño

Hace 3 horas

Samaniego, en Nariño, volvió a quedar en estado de alarma tras el homicidio de un firmante de paz, el segundo asesinato en menos de una semana en esa jurisdicción golpeada por la violencia. El nuevo crimen se suma al reciente asesinato del notario único y profundiza la sensación de desprotección en la región.

Samaniego, en el sur de Nariño, volvió a entrar en zona de alarma: en menos de una semana se registraron dos asesinatos en esa jurisdicción, el más reciente contra un firmante del acuerdo de paz. El hecho llega apenas días después del crimen del notario único del municipio, una seguidilla que deja al descubierto la fragilidad de la seguridad local y el control que siguen disputándose distintos actores armados en el territorio.

De acuerdo con la información divulgada por El Tiempo (Colombia), el homicidio del firmante de paz sacudió a una comunidad que ya venía golpeada por el asesinato del notario, una figura clave en la vida institucional de Samaniego. La coincidencia temporal de ambos casos no solo agrava la percepción de inseguridad, sino que vuelve a poner en discusión la capacidad del Estado para proteger a personas que, por su rol público o por su proceso de reincorporación, deberían contar con mayores garantías. En municipios como este, cada ataque tiene un efecto multiplicador: paraliza la vida cotidiana, intimida a líderes sociales y siembra dudas sobre la presencia real de las autoridades.

Lo ocurrido en Samaniego no es un episodio aislado, sino parte de una tendencia más amplia en regiones de Colombia donde la violencia contra firmantes de paz, líderes comunitarios y funcionarios locales se ha convertido en un termómetro del deterioro territorial. Nariño, por su ubicación estratégica y por la disputa entre estructuras ilegales ligadas al narcotráfico y otras economías criminales, ha sido escenario recurrente de amenazas, homicidios y confinamientos. Por eso este doble crimen importa más allá del municipio: muestra que la implementación de la paz sigue enfrentando riesgos concretos en lugares donde el Estado llega tarde, incompleto o solo de manera intermitente.

La pregunta de fondo es qué tanto puede resistir una comunidad cuando los asesinatos empiezan a acumularse en cuestión de días. En Samaniego, la sensación no es solo de duelo, sino de abandono. Y mientras no haya una respuesta sostenida —no solo policial, sino también judicial, social y de presencia institucional—, la violencia seguirá marcando la agenda de un municipio que hoy aparece otra vez en los titulares por las peores razones.

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