Nepal rescata a dos atrapados en un túnel mientras la tragedia ya supera 1.300 muertos
Imagen: El País
Nepal logró rescatar con vida a dos trabajadores atrapados nueve días en un túnel de una central hidroeléctrica, una señal mínima de esperanza en medio de una catástrofe que ya supera los 1.300 muertos. Mientras tanto, siguen las búsquedas en pasadizos subterráneos donde aún podrían hallarse hasta 150 supervivientes.
Nepal consiguió sacar con vida a dos trabajadores que habían quedado atrapados durante nueve días en el túnel de una central hidroeléctrica tras la riada, un rescate que, en medio de la devastación, ofrece un respiro casi excepcional. Pero la magnitud real de la tragedia sigue empeorando: las autoridades continúan buscando en una red de pasadizos subterráneos de seis plantas a decenas de personas que podrían seguir con vida, mientras el número total de muertos ya supera los 1.300, según informó El País.
El hallazgo de los dos sobrevivientes confirma lo que los equipos de emergencia han repetido desde el inicio de la operación: en los complejos hidroeléctricos y sus estructuras anexas, la geografía puede convertirse tanto en trampa como en refugio. Los rescatistas rastrean galerías, túneles y conductos de difícil acceso donde aún podrían estar hasta 150 personas. La prioridad ahora es ganar tiempo, romper barreras de lodo y roca, y mantener abierta cualquier posibilidad de encontrar más sobrevivientes antes de que el balance humano termine de cerrarse con cifras aún más duras.
Lo ocurrido en Nepal vuelve a exponer la vulnerabilidad de las comunidades asentadas en zonas de infraestructura crítica y en corredores montañosos expuestos a lluvias extremas, deslizamientos e inundaciones súbitas. No se trata solo de una emergencia natural, sino de una prueba severa para los sistemas de prevención, evacuación y respuesta en un país donde el terreno, el clima y la pobreza suelen conspirar contra la seguridad de miles de personas. La magnitud de la pérdida, además, deja otra evidencia incómoda: en muchas regiones del sur de Asia, el desarrollo energético avanza más rápido que las garantías para proteger a quienes trabajan o viven alrededor de esas obras.
Para las familias que siguen esperando noticias, cada minuto cuenta, pero también pesa la certeza de que el desastre ya dejó una huella que no se borrará pronto. En un escenario donde los sobrevivientes se cuentan por casos aislados y los muertos por centenares, el rescate de dos trabajadores no cambia el fondo de la tragedia, aunque sí recuerda que todavía hay personas atrapadas entre la vida y la oscuridad, literalmente bajo tierra, mientras Nepal intenta dimensionar uno de los peores golpes humanitarios de la temporada.




