Netanyahu presiona a Líbano y busca aislar a Hezbollah en plena crisis regional
Imagen: infobae mundo
Benjamin Netanyahu elevó la presión sobre Líbano con un mensaje directo a su población: distanciarse de Hezbollah y sumarse al pulso contra el grupo armado. La jugada ocurre mientras se enfrían las conversaciones de alto el fuego y Teherán condiciona cualquier avance con Washington a que Líbano quede dentro de la tregua.
Benjamin Netanyahu intensificó este lunes la presión sobre Líbano con un mensaje poco habitual: no se dirigió solo a Hezbollah ni a sus aliados, sino también a la población libanesa, a la que instó a tomar distancia del grupo chiita y alinearse con la ofensiva israelí. El movimiento, según informó infobae mundo, llega en un momento especialmente delicado, con las negociaciones para un alto el fuego debilitándose y con la región atrapada en una escalada verbal y militar que ya desborda las fronteras entre Israel y el sur del Líbano.
La apuesta del primer ministro israelí tiene una doble lectura. Por un lado, busca aislar políticamente a Hezbollah y presentar el conflicto no como una guerra entre Estados, sino como una disputa entre Israel y una organización armada que, a ojos de Tel Aviv, arrastra a todo el país hacia una confrontación destructiva. Por el otro, intenta hablarle a una sociedad libanesa exhausta por la crisis económica, la fragilidad institucional y el costo humano de un enfrentamiento que castiga sobre todo a los civiles. En paralelo, las conversaciones para frenar la violencia se han ido empantanando, mientras Irán, principal sostén de Hezbollah, endurece su posición y condiciona cualquier entendimiento con Washington a que Líbano quede incluido en una tregua más amplia.
Ese cruce de presiones explica por qué este episodio importa más allá del intercambio de mensajes entre gobiernos. Líbano lleva años al borde del colapso político y financiero, con una población que ha visto deteriorarse servicios básicos, empleo y seguridad. En ese contexto, pedirle a los ciudadanos que se separen de Hezbollah no es solo una maniobra diplomática: es un intento de reordenar el mapa interno libanés desde afuera, algo que históricamente ha resultado explosivo. Además, el mensaje israelí refleja que la guerra ya no se libra únicamente en el terreno militar, sino también en el de la legitimidad, donde cada actor intenta convencer a la opinión pública regional de que el costo de seguir combatiendo será mayor que el de ceder.
Lo que ocurra en las próximas horas o días será clave para medir si este discurso abre una grieta dentro del frente libanés o, por el contrario, refuerza el cierre de filas en torno a Hezbollah. También será una prueba para Estados Unidos, que ha buscado evitar que el conflicto entre Israel y el grupo libanés escale hacia una guerra regional más amplia. Si las negociaciones fracasan y Líbano queda fuera de cualquier tregua, el riesgo no es solo una prolongación del choque en la frontera norte de Israel: es una nueva oleada de desplazados, más presión sobre una economía libanesa ya devastada y un tablero regional todavía más inestable.



