De la Espriella capitaliza guiño de Trump y endurece su mensaje de campaña

Imagen: infobae colombia
Abelardo de la Espriella celebró el respaldo que, según dijo, Donald Trump volvió a ratificarle en su aspiración presidencial. El gesto no solo refuerza su discurso de mano dura, también mete de lleno la política estadounidense en la campaña colombiana.
Abelardo de la Espriella convirtió en bandera política el respaldo que, según informó Infobae Colombia, le reiteró Donald Trump en medio de su campaña presidencial. El candidato de la extrema derecha respondió con un mensaje cargado de simbolismo ideológico y afirmó que Colombia y Estados Unidos están unidos por la amistad y por principios que, en su lectura, deberían traducirse en una ofensiva política más agresiva contra sus adversarios. En una contienda cada vez más polarizada, el gesto le sirve para reforzar su perfil de aspirante de choque, una figura que busca seducir al electorado que demanda orden, confrontación y un discurso sin matices frente a la izquierda y al establecimiento.
La reacción de De la Espriella no fue menor. Al agradecer el apoyo atribuido al expresidente estadounidense, el aspirante dejó claro que pretende proyectarse más allá de la política doméstica y presentarse como parte de una misma orilla ideológica con sectores conservadores de Washington. La apuesta tiene un valor inmediato: le permite amplificar su narrativa de firmeza en seguridad, combate al crimen y defensa de lo que llama valores occidentales. Pero también tiene un costo, porque lo acerca a un modelo de campaña profundamente asociado con la era Trump, marcada por el antagonismo permanente, el rechazo a los consensos tradicionales y la idea de que la política se gana dividiendo con claridad entre amigos y enemigos.
Ese movimiento importa por una razón que va más allá de una simple foto o un guiño público. En Colombia, la derecha más dura suele medir su fuerza por la capacidad de mostrar apoyos internacionales que legitimen su agenda interna, sobre todo cuando el debate gira alrededor de seguridad, migración, crimen organizado y relación con Estados Unidos. En ese escenario, la alusión a Trump funciona como un sello de aprobación para una parte del electorado, pero también despierta preguntas sobre cuánto puede influir la política estadounidense en la conversación electoral colombiana y si ese espejo termina importando más que las propuestas concretas para problemas cotidianos como el costo de vida, el empleo o la violencia territorial.
Lo que deja este episodio es una radiografía precisa del momento político: De la Espriella no solo compite por votos, sino por instalar una identidad. Su campaña parece apostar a que el respaldo simbólico de Trump le ayude a consolidar un relato de confrontación frontal y afinidad con la derecha internacional. El problema es que, en una elección presidencial, ese tipo de gestos puede entusiasmar a los convencidos, pero también profundizar la sensación de que la campaña se está jugando más en el terreno de la guerra cultural que en el de las soluciones reales que esperan millones de colombianos.



