Netanyahu demanda a Haaretz por una revelación sobre los avisos previos al 7 de octubre

Imagen: BBC Mundo
Benjamin Netanyahu anunció que demandará a Haaretz tras la publicación de extractos de un libro que sostiene que Emiratos Árabes Unidos habría advertido a Israel sobre los ataques de Hamás del 7 de octubre. El diario defendió su reportería y dijo que la información proviene de testimonios y documentos citados en la obra.
Benjamin Netanyahu elevó la presión sobre la prensa israelí al anunciar que demandará al periódico Haaretz, después de que ese medio publicara extractos de un libro en los que se afirma que Emiratos Árabes Unidos habría advertido a Israel sobre la posibilidad de ataques del 7 de octubre de 2023. La amenaza judicial no solo abre un nuevo frente entre el primer ministro y un diario históricamente crítico de su gobierno, sino que también vuelve a poner sobre la mesa una pregunta incómoda para las autoridades israelíes: qué sabían, cuándo lo supieron y por qué no se evitó el golpe más devastador sufrido por el país en décadas.
Según informó BBC Mundo, Haaretz publicó fragmentos de un libro que recoge el supuesto aviso emitido por Emiratos Árabes Unidos antes de la ofensiva de Hamás. El periódico defendió su trabajo y sostuvo que la información se basa en el contenido del libro y en la labor periodística sobre ese material, rechazando que se trate de una invención o de una versión irresponsable. La reacción del entorno de Netanyahu fue inmediata: el mandatario anunció que llevará el caso a los tribunales, en una jugada que busca frenar el daño político y desacreditar una narrativa que, de consolidarse, podría reavivar cuestionamientos sobre la inteligencia israelí y la gestión de seguridad previa al 7 de octubre.
El trasfondo es más amplio que una disputa entre un gobernante y un diario incómodo. Desde los ataques de Hamás, Israel ha atravesado una crisis política y de seguridad que erosionó la credibilidad de sus instituciones, especialmente por los fallos en la anticipación y respuesta inicial. En ese contexto, cualquier revelación sobre advertencias previas se convierte en dinamita política, porque toca el núcleo de la responsabilidad del Estado. Si la versión citada por Haaretz llegara a sostenerse con más pruebas, el costo no sería solo para Netanyahu, sino para toda la cadena de mando que debía interpretar y actuar frente a señales de riesgo. Y si se impone la versión de que se trata de una especulación mal sustentada, la ofensiva legal del primer ministro también puede leerse como un intento de controlar el relato en medio de una guerra donde la información es tan estratégica como las armas.
Para el público en Israel y fuera de él, el caso importa porque expone otra capa de una crisis que sigue sin cerrarse: la batalla por establecer quién falló, quién ocultó información y quién debe responder políticamente. En sociedades polarizadas, el periodismo que publica hallazgos incómodos suele terminar en el banquillo junto con sus fuentes. Pero en este episodio, el foco no debería quedar solo en la demanda anunciada por Netanyahu, sino en lo que revela sobre un Estado sometido a la presión de su peor trauma reciente y sobre el valor de la prensa al insistir en preguntas que el poder preferiría esquivar.




