Sin grúas ni respuesta efectiva, La Guaira sigue buscando a Fabio entre los escombros
Imagen: infobae mundo
Trece días después del doble sismo en Venezuela, vecinos y allegados siguen removiendo escombros a mano en La Guaira para intentar hallar a Fabio, un niño de 9 años. La falta de grúas y equipos ha impedido recuperar los cuerpos que, según cálculos locales, podrían sumar 22 víctimas.
Trece días después del doble sismo que golpeó a Venezuela, La Guaira sigue siendo una zona de búsqueda improvisada y dolor sin cierre. Entre polvo, bloques partidos y silencio institucional, familiares, vecinos y allegados continúan removiendo escombros con sus propias manos para encontrar a Fabio, un niño de 9 años que quedó atrapado bajo la destrucción. La escena resume una tragedia mayor: no hay maquinaria suficiente para acelerar las labores de rescate y, hasta ahora, no se ha recuperado ningún cadáver, pese a que en la comunidad se habla de al menos 22 posibles víctimas.
Según informó infobae mundo, la ausencia de grúas y equipos pesados ha convertido la recuperación en una tarea lenta, peligrosa y profundamente precaria. Lo que debería ser un operativo de respuesta ante una emergencia natural terminó dependiendo de la resistencia de los propios residentes, que siguen removiendo piedras y estructuras colapsadas con herramientas básicas. Esa imagen no solo revela la magnitud del desastre, sino también las limitaciones de una respuesta estatal que, a casi dos semanas del sismo, no ha logrado dar una solución material a quienes buscan a sus muertos o, en el mejor de los casos, a sus desaparecidos.
La situación en La Guaira importa más allá del dato puntual porque expone el costo humano de la falta de preparación frente a desastres en una región sísmica y vulnerable. En crisis como esta, cada hora cuenta para ubicar cuerpos, identificar víctimas y darle a las familias algo elemental: verdad y duelo. Cuando eso no ocurre, la tragedia se prolonga y se convierte en una herida social abierta. En Venezuela, además, el deterioro de la infraestructura pública y la escasez de recursos agravan cualquier emergencia y dejan a las comunidades dependiendo de sí mismas, un patrón que se repite con demasiada frecuencia y que termina castigando a los más pobres.
El caso de Fabio concentra la dimensión más dura de esta emergencia: la de una familia y un vecindario que no solo enfrentan la pérdida, sino también la incertidumbre de no poder cerrar la búsqueda. Si el cálculo local de 22 víctimas se confirma, La Guaira no habrá sufrido únicamente un derrumbe puntual, sino una falla completa en la capacidad de respuesta ante una catástrofe. Y esa es, al final, la otra cara del terremoto: la que deja al descubierto que la reconstrucción no empieza con cemento, sino con equipos, coordinación y voluntad para no abandonar a la gente bajo los escombros.

