La ONU gira en la carrera por su próximo jefe y Grossi queda relegado

Imagen: clarin colombia
La carrera por la Secretaría General de la ONU dio un giro inesperado: la embajadora de Guyana se impuso en la nueva votación interna y desplazó a la costarricense Rebeca Grynspan. El argentino Rafael Grossi quedó rezagado en una contienda que empieza a marcar quién tiene realmente opciones.
La carrera por suceder a António Guterres al frente de la ONU acaba de mover sus fichas más visibles: en la nueva votación consultiva, la embajadora de Guyana ante el organismo logró la mayor cantidad de apoyos y dejó atrás a la costarricense Rebeca Grynspan, que hasta ahora venía siendo señalada como la favorita. El resultado no solo reordena la competencia, sino que confirma algo que suele repetirse en la diplomacia multilateral: en estas disputas, la ventaja cambia rápido y los nombres más sólidos pueden desinflarse en cuestión de días.
Según informó clarin colombia, el nuevo sondeo interno también permitió medir el desempeño del argentino Rafael Grossi, una figura de peso en el escenario internacional por su rol al frente del Organismo Internacional de Energía Atómica. En esta ronda, sin embargo, Grossi no logró colocarse en la punta ni disputar de cerca el liderazgo que terminó en manos de la representante guyanesa. La lectura política es clara: su perfil técnico le da reconocimiento global, pero en una elección de este tipo no basta con prestigio; hacen falta respaldos regionales, negociaciones de pasillo y una capacidad real de construir consenso entre bloques que suelen pensar primero en intereses geopolíticos.
Este giro importa mucho más allá de la interna diplomática. La Secretaría General de la ONU no es un cargo simbólico: quien lo ocupe tendrá margen para influir en la agenda sobre guerras, cambio climático, migración, financiamiento al desarrollo y reformas institucionales en un momento de crisis de credibilidad para el sistema multilateral. Que una candidata caribeña tome ventaja también dice algo sobre la disputa por la representación regional y sobre el deseo de varios países de abrir espacio a liderazgos menos tradicionales. En esa lectura, la caída de la favorita costarricense no solo es una sorpresa electoral; es una señal de que la carrera todavía está abierta y de que los apoyos iniciales no garantizan nada.
Para América Latina, el tablero sigue siendo relevante por una razón simple: tener un secretario general de la región no asegura alineamientos automáticos, pero sí aumenta la capacidad de incidencia en una organización que define buena parte del lenguaje diplomático global. Por eso la posición de Grossi merece atención, aunque hoy aparezca detrás de la candidata que ganó más respaldo. Esta elección aún tiene recorrido, y lo que hoy parece una ventaja puede convertirse mañana en apenas una fotografía pasajera de la negociación internacional.



