Nueva York fija en 2028 el fin de los carruajes tirados por caballos
Imagen: infobae estados unidos
Nueva York puso fecha de cierre a una de sus imágenes más antiguas: los carruajes tirados por caballos dejarán de operar en junio de 2028. La medida abre una transición obligada para conductores, dueños y la industria turística de Central Park.
Nueva York decidió ponerle fecha de vencimiento a una tradición que durante más de siglo y medio fue parte del paisaje turístico de la ciudad. La llamada Ley de Romanch suspende la entrega de nuevas licencias y establece que la actividad de los carruajes tirados por caballos terminará el 1 de junio de 2028, un giro que marca el inicio del cierre ordenado de un negocio emblemático, pero cada vez más cuestionado por motivos de bienestar animal y seguridad vial.
Según informó Infobae Estados Unidos, la norma no solo frena la expansión del servicio, sino que también activa un plan de transición para los trabajadores y propietarios vinculados a la actividad. Eso significa que la ciudad no está improvisando una prohibición abrupta, sino intentando administrar una salida escalonada para una industria que durante décadas operó en espacios altamente visibles como Central Park y zonas turísticas cercanas. La decisión llega después de años de presión de activistas, debates en el Concejo y episodios que pusieron bajo escrutinio el trato a los caballos y las condiciones en las que trabajan.
La medida importa porque toca varios frentes al mismo tiempo: el símbolo cultural, el empleo y la forma en que Nueva York administra su imagen pública. Para muchos visitantes, los carruajes eran una postal clásica; para sus detractores, una práctica anacrónica en una ciudad moderna y congestionada. El fin de esta actividad también refleja un cambio más amplio en las grandes urbes estadounidenses, donde las tradiciones turísticas empiezan a chocar con nuevas exigencias sobre derechos animales, seguridad y uso del espacio público. En la práctica, el debate no termina con la aprobación de la ley: ahora empieza la disputa por quién asume los costos económicos de la transición y cómo se reconfigura una industria que por generaciones vivió de vender una experiencia asociada a la nostalgia.



