Estados Unidos

Nueva York obliga a revelar anuncios con figuras digitales creadas por IA

Hace 10 horas

Nueva York dio un paso inédito para controlar la publicidad con inteligencia artificial: ahora exigirá avisar cuando un anuncio use figuras digitales que imitan personas reales. La norma busca frenar la confusión del consumidor y castiga con multas de hasta USD 5.000 a los reincidentes.

Nueva York acaba de colocar un límite claro a una práctica que avanzó más rápido que la regulación: la publicidad con figuras sintéticas generadas por inteligencia artificial. La nueva ley obliga a revelar cuando un anuncio utiliza imágenes o intérpretes digitales que simulan personas reales, una medida que según informó infobae estados unidos busca blindar al público frente a contenidos cada vez más convincentes y, en muchos casos, difíciles de distinguir de una pieza tradicional. En términos concretos, el estado no prohíbe el uso de estos recursos, pero sí exige transparencia; y ese matiz importa porque marca la diferencia entre innovación comercial y engaño al consumidor.

La norma establece además un esquema de sanciones que apunta a disuadir a las empresas de ocultar el origen artificial de sus anuncios. Quien incumpla la obligación enfrentará una multa de USD 1.000 en la primera infracción y de USD 5.000 si reincide, una señal de que el estado pretende actuar con rapidez frente a una tecnología que ya está siendo usada en campañas de marketing, contenidos promocionales y mensajes que pueden parecer testimonios humanos auténticos. En una industria donde la credibilidad lo es todo, la obligación de informar no es un detalle administrativo: es una advertencia sobre el valor de la confianza en el espacio publicitario y sobre el riesgo de que el consumidor compre una ilusión en lugar de un producto.

Lo que está haciendo Nueva York va más allá de una simple actualización legal. En la práctica, el estado se convierte en un laboratorio regulatorio para uno de los debates más urgentes de la era digital: cómo usar inteligencia artificial sin borrar la línea entre creatividad y manipulación. El auge de los llamados deepfakes y de los avatares hiperrealistas ha abierto una zona gris que afecta tanto a marcas como a trabajadores de la industria, desde actores y modelos hasta productores de contenido, porque cada vez más campañas pueden resolverse sin contratar a una persona de carne y hueso. Para el ciudadano común, el cambio tiene una implicación directa: saber si está viendo una recomendación genuina, una representación autorizada o una fabricación algorítmica diseñada para vender.

Este movimiento también tiene una lectura política más amplia. Nueva York suele funcionar como termómetro regulatorio en Estados Unidos, y cuando adopta una medida de este tipo, otras jurisdicciones observan con atención. En un país donde la inteligencia artificial avanza a velocidad de mercado y la legislación suele ir detrás, la exigencia de transparencia en anuncios puede convertirse en un precedente para otros estados e incluso para el gobierno federal. La discusión ya no es si la IA debe estar en la publicidad, sino bajo qué reglas. Y en esa respuesta se juega algo más que una multa: se juega la posibilidad de mantener un mínimo de honestidad en un ecosistema donde ver ya no siempre significa creer.

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