Nueva York recuerda 25 años del 11-S entre duelo, simbolismo y polémica política

Imagen: El País
Nueva York conmemora este jueves los 25 años del 11-S con decenas de actos y un fuerte simbolismo político: los expresidentes vivos asistirán, pero no tomarán la palabra. La ceremonia vuelve a poner en el centro a las 2.977 víctimas y a sus familias, en medio de la polémica por la ausencia de Trump y la presencia de Mamdani.
Nueva York vuelve a mirar hacia el vacío que dejaron las Torres Gemelas a 25 años de los atentados del 11 de septiembre, con una jornada marcada por el recuerdo de las 2.977 víctimas, el duelo de sus familias y una inevitable carga política. La ceremonia principal de este jueves reunirá a los cuatro expresidentes vivos de Estados Unidos, aunque ninguno intervendrá, en una decisión que busca devolver el protagonismo a quienes perdieron la vida aquel día y a los sobrevivientes que aún cargan con sus secuelas. La ausencia de Donald Trump, en cambio, ha alimentado la discusión pública sobre el tono de una conmemoración que, por su peso histórico, sigue siendo también un termómetro del país.
Según informó El País, Nueva York ha organizado decenas de actos a lo largo de la ciudad para recordar el aniversario, desde las lecturas de nombres en Ground Zero hasta ofrendas y ceremonias de carácter religioso y comunitario. El eje central será, una vez más, la memoria de las víctimas y el acompañamiento a sus familiares, que desde hace un cuarto de siglo convierten esta fecha en una mezcla de duelo privado y ritual cívico. En esta ocasión, además, la presencia de Zohran Mamdani ha despertado controversia en sectores políticos y mediáticos, un reflejo de cómo el 11-S sigue atravesado por disputas identitarias, de poder y de narrativa pública.
Que los expresidentes estén presentes pero no hablen no es un detalle menor: habla de una voluntad de despolitizar, al menos en apariencia, una fecha que ha sido utilizada durante años como símbolo de unidad nacional, pero también como argumento para justificar guerras, políticas de seguridad más duras y una expansión del aparato antiterrorista. A 25 años, el 11-S ya no es solo memoria: es legado institucional, trauma colectivo y referencia obligada para entender la política exterior, la vigilancia interna y el modo en que Estados Unidos administra el miedo. Para la gente común, en Nueva York y en todo el país, la conmemoración sigue siendo una pregunta abierta sobre qué aprendió realmente el país y cuánto de aquella herida sigue sin cerrar.




