La A-5 cambia de mapa: abre un túnel, cierra otro y entra en la fase decisiva

Imagen: El País
La reforma de la A-5 da un giro clave con la reapertura del túnel en dirección a Badajoz y el cierre del paso de Huerta de Castañeda. La intervención entra en su fase final y en septiembre arrancará la urbanización del futuro Paseo Verde del Suroeste.
Las obras de transformación de la A-5 entran en su tramo decisivo con un nuevo cambio en la circulación: vuelve a abrirse el túnel en sentido Badajoz mientras se clausura el de Huerta de Castañeda. El movimiento confirma que el proyecto avanza hacia su fase final y que el calendario de los trabajos empieza a acelerar con la vista puesta en septiembre, cuando está previsto el inicio de la urbanización del Paseo Verde del Suroeste, el gran corredor urbano que sustituirá a la actual autovía en ese entorno.
La decisión responde a la necesidad de reordenar el tráfico mientras continúan las obras de soterramiento y de transformación de uno de los accesos más conflictivos de Madrid. En la práctica, el nuevo mapa vial obligará a los conductores a adaptarse a desvíos y cambios de sentido en un área donde la intensidad circulatoria es alta y donde cualquier ajuste tiene efectos inmediatos sobre la movilidad de miles de vecinos, repartidores, trabajadores y usuarios del transporte privado. Según informó El País, la reapertura de un túnel y el cierre del otro forman parte de una secuencia de modificaciones pensadas para avanzar con la obra sin paralizar por completo la conexión entre la capital y el suroeste metropolitano.
Más allá del vaivén de la circulación, lo relevante es el cambio de modelo urbano que se está consolidando. La A-5 ha sido durante décadas una barrera física y ambiental para barrios del oeste madrileño, con tráfico denso, ruido y contaminación pegados a las viviendas. El Paseo Verde del Suroeste pretende corregir parte de ese impacto con un espacio más amable, con protagonismo para peatones, zonas verdes y una integración urbana que hasta ahora era impensable sobre una infraestructura concebida casi exclusivamente para el coche. Por eso, la próxima fase de las obras no solo es una cuestión de ingeniería: también es una apuesta política y urbanística sobre qué ciudad quiere construir Madrid en una de sus entradas más castigadas.
Lo que ocurra en los próximos meses será una prueba de fuego para el proyecto. Si el calendario se cumple, septiembre marcará el paso desde la obra dura a la configuración del nuevo espacio público. Para los vecinos, el resultado final puede significar menos ruido, menos barreras y una mejora sustancial de la calidad de vida; para los conductores, en cambio, el proceso seguirá implicando paciencia, desvíos y una convivencia incómoda con una transformación que todavía está en marcha.


