Colombia

Asesinan en Cúcuta a Miguel Castellanos, exsecretario y aspirante a la Alcaldía

Hace 1 hora

Miguel Castellanos, exsecretario de Gobierno y aspirante a la Alcaldía de Cúcuta, fue asesinado tras bajar de su camioneta blindada en una vía de la ciudad. Iba acompañado por su hijo, en un ataque que vuelve a golpear la seguridad política en Norte de Santander.

Miguel Castellanos, exsecretario de Gobierno de Cúcuta y aspirante a la Alcaldía, fue asesinado en una vía de la ciudad luego de sufrir una herida de arma de fuego cuando se bajó de su camioneta blindada. Según informó El Tiempo (Colombia), el exfuncionario viajaba acompañado por su hijo al momento del ataque, un detalle que aumenta la gravedad de un hecho que sacude a la capital de Norte de Santander y reabre el debate sobre la protección de los líderes políticos en una de las regiones más golpeadas por la violencia.

De acuerdo con la información conocida hasta ahora, el crimen ocurrió en circunstancias aún bajo investigación, pero el hecho de que la víctima se desplazara en un vehículo blindado no impidió que fuera atacado. Ese elemento confirma algo incómodo para las autoridades: la seguridad privada o reforzada no siempre basta cuando hay capacidad para ejecutar un atentado de esta naturaleza. La muerte de Castellanos no solo impacta por su trayectoria pública, sino porque se produce en plena movilidad cotidiana, en una vía urbana, y con su hijo presente, lo que añade una dimensión familiar y humana al caso.

El asesinato de un exfuncionario con aspiraciones electorales tiene implicaciones que van más allá del hecho policial. En Cúcuta y en Norte de Santander, la violencia contra figuras públicas suele ser leída como un mensaje político, un síntoma de disputas de poder o de presiones criminales que buscan intimidar. Por eso este caso no puede tratarse como un episodio aislado: obliga a mirar el entorno de seguridad en el que se mueven quienes hacen vida pública en la ciudad, especialmente en una región marcada por economías ilegales, fronteras porosas y una histórica fragilidad institucional. Si las investigaciones no esclarecen rápido quién ordenó y ejecutó el ataque, el temor puede extenderse entre dirigentes, candidatos y ciudadanos comunes que ya conviven con un riesgo normalizado.

Lo que ocurra en las próximas horas será clave para entender si este asesinato responde a una agresión puntual o si revela un patrón más profundo de amenaza contra la actividad política local. En cualquier caso, la muerte de Miguel Castellanos deja una señal inquietante: en Cúcuta, incluso la protección blindada puede resultar insuficiente cuando la violencia decide cruzar la puerta del vehículo.

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