Colombia

El caso Potosí desnuda una crisis que Cali no ha logrado contener

Hace 3 horas

El caso de María Camila Potosí volvió a poner a Cali frente a una herida que no cierra: la violencia contra las mujeres sigue siendo un problema estructural. La psicóloga y escritora Gloria Hurtado advierte que detrás del horror hay fallas sociales, familiares e institucionales que se repiten.

El caso de María Camila Potosí no solo estremeció a Cali por su crudeza: también volvió a exhibir una verdad incómoda que la ciudad arrastra desde hace años, la violencia contra la mujer sigue atravesando la vida cotidiana con una normalidad alarmante. En diálogo con EL TIEMPO, la psicóloga y escritora Gloria Hurtado puso el foco en el trasfondo de esta tragedia y en el deterioro de una sociedad que, según su lectura, todavía no logra proteger a tiempo a las víctimas ni romper los ciclos que alimentan estas agresiones.

Más allá del hecho puntual, Hurtado planteó que el problema no puede reducirse a un caso aislado ni a la conducta de un solo agresor. La violencia de género se sostiene, explicó, sobre una red de silencios, tolerancia social, dependencia emocional, miedo a denunciar y respuestas institucionales que muchas veces llegan tarde. En una ciudad como Cali, donde el debate sobre seguridad suele concentrarse en homicidios, extorsión o control territorial, estas agresiones quedan con frecuencia relegadas a la estadística o a la indignación pasajera, sin que eso se traduzca en prevención real, acompañamiento oportuno ni sanción efectiva.

Lo que este episodio revela, en el fondo, es una falla de largo aliento: Colombia sigue teniendo enormes dificultades para anticiparse a las señales de riesgo y para intervenir antes de que la violencia escale. Cuando una mujer convive con amenazas, control, aislamiento o agresiones previas, el sistema suele reconocer el problema cuando ya es demasiado tarde. Y esa demora tiene consecuencias que van mucho más allá de una familia destruida: erosiona la confianza en las instituciones, normaliza la impunidad y refuerza la idea de que la vida de las mujeres puede quedar a merced de relaciones marcadas por el poder y la dominación. Por eso el caso de María Camila Potosí no debería leerse solo como una noticia judicial o policial, sino como un espejo de una sociedad que aún no ha asumido la magnitud del daño.

La conversación con Gloria Hurtado también deja una advertencia para el debate público en Colombia: mientras la violencia contra las mujeres siga tratándose como un asunto privado o excepcional, el país seguirá llegando tarde. El dolor de una sola víctima alcanza para desnudar una crisis colectiva; la tarea pendiente es convertir la conmoción en políticas efectivas, rutas de atención que funcionen y una cultura que deje de justificar, minimizar o naturalizar el maltrato. En Cali, como en tantas otras ciudades del país, el problema no es la falta de casos visibles. El problema es que demasiadas veces el sistema solo reacciona cuando ya no hay nada que salvar.

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