Pacto Histórico arma alianza con verdes y En Marcha para frenar mayoría oficialista en el CNE
Imagen: El Tiempo - Política
El Pacto Histórico selló una nueva alianza con En Marcha y un sector verde cercano a Ariel Ávila para disputar el tercer puesto en el Consejo Nacional Electoral. La jugada apunta a frenar la mayoría oficialista que busca quedarse con siete de las nueve sillas del tribunal.
El Pacto Histórico movió sus fichas y cerró una alianza con En Marcha y con un sector del Partido Verde cercano al senador Ariel Ávila para intentar quedarse con el tercer puesto en el Consejo Nacional Electoral (CNE). La apuesta política será respaldar al exembajador Guillermo Rivera, en una jugada que busca impedir que el bloque oficialista consolide una mayoría de siete sillas dentro del tribunal electoral, según informó El Tiempo - Política.
La decisión no es menor. En el tablero del CNE, donde se definen decisiones sensibles sobre la vida electoral del país, cada asiento pesa como una cuota de poder institucional. Por eso, la convergencia entre fuerzas que no siempre actúan en bloque revela que la pelea por el organismo ya no es solo aritmética partidista, sino una disputa por el control de las reglas del juego. De acuerdo con la información conocida, el objetivo de esta alianza es sumar apoyos suficientes para disputar una posición clave y evitar que el oficialismo alcance la mayoría amplia que le permitiría tener una capacidad de maniobra mucho mayor dentro del tribunal.
El movimiento también deja ver algo más profundo: la fragmentación y el reacomodo de las coaliciones en Colombia de cara a escenarios electorales cada vez más tensos. El apoyo a Guillermo Rivera, un perfil con trayectoria política y diplomática, parece responder a una estrategia de equilibrio frente a la expansión del bloque gubernamental o de sus aliados en la autoridad electoral. En términos prácticos, esto importa porque el CNE puede influir en decisiones que afectan campañas, partidos, financiación y procesos de vigilancia electoral; es decir, asuntos que terminan impactando directamente la competencia democrática y, en última instancia, la confianza ciudadana en las elecciones.
Detrás de esta movida hay una señal clara: el próximo pulso institucional no será solo por quién gana elecciones, sino por quién controla los organismos que las arbitran. Si el oficialismo logra siete sillas, tendrá una ventaja determinante; si esta alianza opositora o alternativa consigue frenar esa concentración, el CNE quedará con una correlación de fuerzas más disputada y, posiblemente, más vigilada por la opinión pública. En un país donde las dudas sobre la imparcialidad electoral reaparecen con frecuencia, el resultado de esta puja puede decir mucho sobre el tipo de democracia que se está construyendo.




